![]() |
| Un camino de cuentos (3er premio 2003) |
| Escrito por - José Mª Maldonado Agustina |
|
Decía Ouspenski que en el mundo hay básicamente dos clases de personas: de un lado están los que no buscan nada en especial y de otro esa especie de piratas medio locos convencidos de que hay un tesoro oculto en alguna parte. Dejemos a los primeros tumbados delante del televisor. Los segundos no paran de buscar toda su vida. La mayoría de las personas que alguna vez se lanzan a la aventura de recorrer más de setecientos kilómetros con un bastón y una mochila pertenecen a esta última clase de gentes. Piratas medio locos con la idea peregrina, nunca mejor dicho, de que alguna vez van a encontrar un cofre conteniendo alguna joya especial y maravillosa. Anteriormente han buscado en diversos lugares y muchos de ellos han encontrado pistas o poseen fragmentos del mapa que supuestamente conducen al tesoro que buscaban. En todos esos fragmentos podían leerse algunas palabras, anotaciones y nombres de lugares pertenecientes a una península situada en el Suroeste europeo. Curiosamente todas las localidades estaban junto a los caminos que conducían a una ciudad santa situada junto al fin del mundo para los antiguos, el finis terrae, Compostela. En cuanto les fue posible se pusieron a andar en los Pirineos, a donde llegan piratas de todas partes del mundo con la esperanza de encontrar nuevos fragmentos para recomponer el mapa que les haga dar con el cofre imaginario. De esa forma comienza el cuento personal de cada peregrino, sin saber muchas veces qué es lo que se busca, pero estando seguro de que algo va a encontrarse, y algo realmente importante. Los caminantes a lo largo de la peregrinación intercambiarán pistas entre sí hasta ir formando cada uno el rompecabezas del mapa individual del tesoro, ya que posiblemente cada uno encuentre un cofre con un contenido aparentemente distinto al que encontró el otro. Ahora bien, ¿qué tesoro debe buscarse en el Camino de Santiago? Tal vez la primera respuesta a este enigma de piratas haya que intuirla en el significado profundo de otros cuentos infantiles: los cuentos de hadas. Pero, ¿qué sucede entonces? El protagonista del cuento siempre pide algo equivocado que no le hace feliz en absoluto. A veces el hada concede hasta tres deseos y el personaje se equivoca la primera, la segunda y la tercera vez, volviendo a una situación peor que al principio. Estoy convencido de que la gran tragedia de la mayoría de los humanos es que no sabrían qué pedir si se les apareciese el hada de los cuentos infantiles. Se trata de responder a una pregunta clave en la vida: ¿Qué necesito para ser feliz? Parece una simpleza, pero el hombre que de verdad sea capaz de responder sinceramente a esta pregunta observará un prodigio de inmediato: en sus manos está la varita mágica. Se trata sencillamente de saber qué se quiere y luchar por conseguirlo. Así pues, muchos peregrinos, tras algunos días de marcha, comienzan a notar que la mochila va pesando cada vez menos, mejor dicho, que el corazón va ya sin mochila alguna. Esto sucede cuando los fragmentos del mapa comienzan a unirse de la única manera que pueden unirse: el intercambio. El peregrino descubre la generosidad de los otros y la suya propia, y esto es un paso decisivo para comenzar a comprender toda la clave del meollo. El Camino está lleno de gente dispuesto a ayudarse en cualquier momento, y cada uno comenta ese fenómeno a su manera. No es normal encontrar en la vida diaria tanta gente con tan buenas vibraciones. Algo pasa en el Camino, y los caminantes comienzan a recobrar el sentido mágico de la vida que habían perdido en su infancia. Una de dos. O se han vuelto como niños o lo fantástico existe en realidad. Muchos llaman a eso energía positiva. Otros lo llaman gracia santificante o gracia de Dios, pero con toda seguridad hablan de lo mismo. Es algo que en allí resulta más que evidente, maravillosamente degustable. Todo esto, dirán algunos, se debe a un aumento de la sensibilidad y de la percepción en parte motivadas por el cansancio físico en los primeros días, pero cuando se ha superado la primera fase y se entra en Castilla, el proceso mental se va haciendo cada vez más reflexivo y sereno, y todas las ideas y experiencias que entraron en tromba en un principio tienden a sedimentarse. Resulta curiosos oír a algunos hablar de "la parte fea del Camino" refiriéndose a las inmensas, bellísimas llanuras castellanas. Pocas sensaciones he tenido más hermosas que el amanecer en la Vía Aquitana, con mi sombra alargadísima y perfectamente alineada con el Camino, ambos señalando inequívocamente al Oeste, al aún lejano Santiago, mientras una sinfonía de cantos de jilgueros acompañaba mis pasos. Por si fuera poco, en medio de la "parte fea" aparece San Martín de Frómista, auténtico Partenón del románico, canon perfecto de aquel estilos que tantas veces nos deja sorprendidos a lo largo del viaje. Por supuesto - le contestó - . Yo llevo una semana andando por aquí y me siento libre como un pájaro. Es lo que deseo para todo el mundo. Sin fronteras- Fue su escueta respuesta. Parece una idea peregrina, y resulta divertido el sentido peyorativo que la palabra tiene no sólo en el idioma español. El peregrino es un personaje mal comprendido y no me extraño en absoluto ver en Burgos una inmensa pintada en la que se leía: " PEREGRINOS, PAYASOS". Días más tarde vi aquellas mismas sonrisas elevadas a la inmortalidad de la piedra, esculpidas en el Pórtico de la Gloria por el genio del Maestro Mateo para gozo de tantas generaciones. Allí me ocurrió el primer milagro del Camino, mucho antes de iniciarlo. Mirando y remirando al profeta Daniel se me aparecieron todas las sonrisas de los rostros que he amado en mi vida. Siempre hay un misterio detrás de una expresión sonriente, y recordé la sonrisa de la Gioconda, la de mi madre, la apenas esbozada y oculta tras la lágrima de la Macarena sevillana, la de tantas Vírgenes antiguas y la de todos nuestros seres queridos a los que siempre queremos recordar con la sonrisa en los labios. Era como unir dos fragmentos inconexos del mapa del tesoro en los que se completaba el sentido de dos palabras unidas: : sonrisa y Camino. El camino hacia el cofre de los piratas tenía que ser un camino alegre, pues se trataba de la idea más perogrullesca, simple y peregrina del mundo: la búsqueda de la felicidad. -¡Ya sé cual es mi deseo!-le grité alborozado-¡Quiero hacer el Camino de Santiago! El hada se quedó pensativa y me lanzó la pregunta del millón: -¿Qué ocurrirá si entonces se me olvida otra vez la varita?- Dijo astutamente. Hubo un largo silencio en el que mi hada madrina me dedicó una tierna y prolongada sonrisa que yo ya empezaba a comprender en su más hondo sentido. Por fin sus labios pronunciaron dulcemente: -Que tengas buen camino. Ultreia e Suseia. Y desapareció mientras me guiñaba un ojo en un gesto de complicidad. |


