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PRENSA: OVIEDO, CABEZA Y CORAZON DEL CAMINO (lne, 27/12/09) El descubrimiento del sepulcro del Apóstol, en 814, en tiempos de Alfonso II el Casto, marca el inicio de la primitiva ruta jacobea, que siempre tendrá un fuerte acento asturianoA cinco días de un nuevo año santo compostelano la mirada se vuelve inevitablemente hacia la catedral de Oviedo: ahí está la cabeza y el corazón de la más importante y extensa ruta de la cristiandad y aun de la humanidad entera.
En la primera década del siglo XI, don Ponce, obispo de Oviedo, intentó abrir el Arca Santa de la Catedral, pero tanto él como otras «personas que le acompañaban fueron cegados con la copiosa luz y soberano resplandor que salió de la misma Arca», según recoge Manuel Risco siete siglos después citando crónicas del Alfonso VI, quien, a su vez, en 1075, peregrino y acompañado por el Cid y otros nobles, intentó la misma operación.
Esta vez hubo éxito, sin duda gracias a la excelente preparación -«celebrada ya la misa con los obispos y los sacerdotes subieron a la Cámara Santa entre aromas de incienso y cánticos de clérigos» del rito toledano y del romano- de manera que «levi motu operientes» -con poco esfuerzo- accedieron a las reliquias que se custodiaban en el interior y levantaron dos actas del contenido del Arca que, como se sabe, había partido de Jerusalén en el siglo VII, huyendo del rey persa Cosroes II que había invadido Tierra Santa. De ahí por todo el norte de África, Toledo, el Monsacro asturiano y, finalmente, y hasta ahora, en la Cámara Santa de la catedral ovetense.
Pivotando, antes y después, sobre ese hecho capital por racional -un acta con unas firmas de la realeza, de la nobleza, del alto clero...- el Camino de Santiago tiene su semilla fundamental, cien desarrollos clave y mil avatares históricos en la catedral de Oviedo.
En el arranque, en 814, está el descubrimiento de la tumba del Apóstol y la figura del rey Alfonso II, el mismo que llegó hasta Lisboa, tuteó a Carlomagno y patrocinó a su sobrino Bernardo del Carpio, victorioso en Roncesvalles. Y en cuanto a grado de sacralización no hay duda de la supremacía de Oviedo sobre Compostela porque no cabe comparar la sangre del Redentor que contiene el Santo Sudario astur con los restos mortales del Apóstol que se guardan en la cripta compostelana. De ahí el viejo dicho, según el cual «quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor».
El Camino primitivo parte de Oviedo en el inicio del siglo IX y llega a Santiago. Después, cuando se universaliza, nace en varias fuentes europeas y cursa por la Meseta de manera que el santuario ovetense se convierte en imán de una derivada que nace en León y después de la visita a la Cámara Santa sigue la ruta primitiva, por el occidente interior astur, Fonsagrada y hasta el Finisterre cristiano.
En la catedral de Oviedo, inmediatamente contiguo a la Cámara Santa -y a sólo doce metros del controvertido nuevo edificio del Museo Arqueológico- está el cementerio de peregrinos, uno de los más destacados rincones históricos, artísticos y singulares de España y testigo genuino de aquel gigantesco movimiento de espiritualidad que recorrió el orbe cristiano y tuvo en Oviedo su origen y después, durante siglos y aún, una estación capital.
http://www.lne.es/oviedo/2009/12/27/oviedo-habria-camino/852653.html |