Diario de Rafaél: Por el Camino Primitivo, De León a Compostela por San Salvador de Oviedo

Camino Primitivo 0€ 3436 hits

Descripción

El peregrino norteamericano con raíz portorriqueña, Rafaél, nos ofrece sus experiencias por el Camino Aragonés, Francés y Primitivo.

 

Anoche eché de menos al roncador del albergue. Incluso y a pesar de estar en la tercera planta y con las ventanas cerradas, no pude escapar de los ruidos de la calle que continuaron incluso después de levantarme a las 6. Durante toda la noche estuve escuchando conversaciones, peleas y gritos de los juerguistas yendo o viniendo de sus celebraciones. La noche anterior, pasadas las 10 de la noche, cuando volvía de ver la catedral iluminada, pude apenas caminar por la calle de La Rúa debido al gentío procedente de algunos bares y restaurantes que, amontonados, confraternizaban en esta calle tan estrecha. Hoy, aquí en La Robla, no pude sino sonreír cuando leo un cartel que avisa de que esta noche se celebrará una fiesta y se comenzará a servir chocolate a partir de las 3 de la madrugada. ¡Debe ser divertido, pero horriblemente duro para el cuerpo!

Esta mañana dejé la pensión poco después de las 7 y tras caminar entre los últimos juerguistas -uno me deseó "Buen Camino", salí de la parte antigua de León, caminando a lo largo de la Catedral por la calle San Pedro. Seguí la misma ruta que había inspeccionado ayer, que me condujo por el Campus de la Universidad de León hasta la N-630. Es una larga caminata por las afueras de la ciudad pero no es peor que la que se sigue en el Camino Francés. La N-630 asciende gradual y cómodamente y al final te lleva hasta el Alto León, pasado el Seminario Menor de San Isidoro y otro edificio religioso retirado. Aquí también, en medio de ninguna parte, hay un hotel de cinco estrellas. ¡Es conveniente para aquellos que andan ya sin fuerzas!

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La carretera continúa subiendo pero siempre cómoda y fácil de caminar. Lleva hasta una urbanización llamada Montes de León y allí, para mi sorpresa, la carretera se hace tan plana y recta como si estuvieras en Palencia. Y, como en Palencia, no hay sombra alguna pero eso no fue hoy ningún problema a pesar de que el día era muy claro, pues también hacía algo de fresco. Es desde aquí donde se empiezan a ver las crestas de la Cordillera Cantábrica.

He estado caminando fundamentalmente por el arcén de la carretera pero por suerte hay poco tráfico. Pronto, sin embargo, noto que hay veredas, sendas e incluso caminos de tierra paralelos a la N-630 que me permiten salir de ella. Hacia las 10.30 hago la primera parada y me como un bocadillo, un trozo de pastel de manzana buenísimo y algo de zumo de piña, todo eso mientras admiro las montañas, muchas de ellas todavía cubiertas de nieve en la cima.

Me sorprendió llegar al kilómetro 136 y encontrar una señal de la Comunidad Europea, que se encuentran fácilmente por todos lados, indicando el Camino de Santiago. ¡Qué fuerte! Surgió mi parte cínica y me pregunté si la falta de información de este Camino en León es ignorancia o una política calculada para desanimar a los peregrinos y caminantes con intención de dejar el Camino Francés (que atraviesa la provincia de León) y disuadirlos de ir a Asturias. Pero no puedo creer que toda esa gente forme parte de una "conspìración". ¿O podría ser?

Unos 5 kilómetros antes de llegar a La Robla, alcancé una elevación de 1.180 metros y comencé a caminar por un precioso bosque de pinos. Es un área de recreo llamada Roboriz. Es aquí donde se deja la "meseta" y comienza el descenso a La Robla.

Es casi la 1 de la tarde cuando entro en el pueblo y reservo una habitación en el primer hostal que encuentro, el Buena Vista. Esperaba que La Robla fuera un pequeño pueblo de montaña, pero parece ser una pequeña población industrial cuya existencia depende de la minería del carbón y de una central térmica. No es un pueblo atractivo pero tiene todas las instalaciones que un caminante pueda necesitar. Me ducho y bajo a conversar con la señora mayor que lleva el negocio. Me dice que "Sí, los peregrinos vienen por aquí" y que "Sí, hay caminos que te llevarán al Puerto de Pajares". Pero dónde, le pregunto "bueno, aquí y allí, me responde ella". La comida fue muy buena...

Hoy caminé 25 kms y supuestamente estoy a 90 de Oviedo. La información que tengo dice que sólo 78..., ya veremos. ¿Qué puedo decir? A lo largo de esta ruta no hay ruinas, ni iglesias antiguas, ni monumentos. Sí hay un buen número de sitios donde comer, una fuente e incluso un antiguo monumento "al caminante". El paisaje después de salir de León es atractivo y las montañas impresionantes. Pero por supuesto, esta zona no tiene el "regusto" (la palabra "sabor" en castellano es más descriptiva) del Camino Francés. Ésta debe tener "historia", después de todo es la parte final de la Vía de la Plata, pero lo que le falta realmente es que alguien la "promocione".

Me levanto a las 6. Estoy solo en el hostal y disfruto en silencio de la tranquilidad. Me hago el bocadillo del desayuno y me lo como junto con medio litro de zumo de piña y uvas. Hacia las 7.30 estoy en camino. El Buena Vista fue un estupendo lugar para pasar la noche. Fui el único cliente y la señora que lo lleva fue más que buena conmigo. En realidad cocinó para mí y no he podido comer mejor ni más. Este tipo de servicios no se encuentran en el Camino Francés.

Es un día maravilloso, el tercero de toda esta semana. Vuelvo a la N-630 y comienzo lo que será una subida gradual y sencilla hasta el puerto (actualmente un paso). Cubriré unos 33 kilómetros caminando por un valle angosto por el que discurre el río Bermasque, una carretera asfaltada y el ferrocarril León - Gijón. Es un camino maravilloso, sembrado de pequeñas aldeas, cuatro de las cuales llevan el nombre "Gordon", comenzando con Nucabo, Huergas, Vega y finalmente Pola de Gordon.

Debería anotar que un kilómetro al norte de La Robla ví, por primera vez, flechas amarillas. Me condujeron a la Ermita del Buen Suceso, una construcción pequeña pero bien conservada, construida en estilo neoclásico. Después de la ermita, las flechas continuaron hasta que giraron a la izquierda hacia la aldea de Nucabo de Gordon. La aldea se sitúa en la base de un desfiladero desde el cual puedo decir que no hay salida, así que ignoré las flechas y el bar al que conducían y continué por la carretera. Más tarde pude ver dos señales más de la Unión Europea pero ninguna otra flecha. Hacia las 10.30 hice un descanso en el pueblo de Vid para la media mañana; estaba ya a unos 24 kilómetros del Puerto de Pajares.

Hay muchos lugares a lo largo de la carretera donde se puede abandonar el arcén y caminar por senderos de tierra. Sería fácil construir "andaderos" en esos lugares, como los del Camino Francés. Merecería la pena porque este valle es realmente precioso. Como en muchos otros tramos del Camino, no hay sombra y, como en el valle, se puede esperar que el andar aquí durante julio y agosto sea algo incómodo. Pero las temperaturas serían más bajas y hay abundante agua fresca de montaña.

Llegué a Busdongo y encontré una panadería abierta. Me sorprendió ya que no sólo es domingo sino domingo por la tarde. Aprovecho la oportunidad y compro algunos dulces para el desayuno de mañana. Desde Busdongo me quedan sólo 4 kilómetros hasta Pajares y en una hora llego al paso y a Asturias. El parador se sitúa justo en la cima y se disfruta en él de una magnífica vista de la Cordillera Cantábrica. La vista justifica con mucho la larga subida de hoy.

Entré en el parador y casi directamente al comedor. Allí liquidé un estupendo plato consistente en "fabada asturiana", un filete de ternera y una gran botella de vino tinto. Subí a mi habitación, con dificultad, me duché y me deslicé bajo las sábanas. Hacia las 6 de la tarde me levanté, miré por la ventana y el mundo se había cubierto de niebla, mientras el viento azotaba el parador. La magia se va...

Son las 7 y me pregunto cómo será el tiempo ahí fuera. Durante la noche el viento rugió y la niebla cubría toda la cadena de montañas. bro la ventana, miro y me saluda un sol brillante y apenas hace frío.

Salgo al bar y bebo un cola-cao, como una pasta y salgo al mundo. Son las 8. Comienzo a descender por la carretera. Es una bajada muy empinada que rápidamente reduce los 1.373 metros del paso. Me río entre dientes - aquí ni los camiones ni los coches pueden ir deprisa. Los vehículos jadean mientras suben y queman los frenos cuando bajan. Por fin encuentro un entorno en que los mortales pueden competir con las máquinas.

Las montañas y los valles son espléndidos y la belleza se hace más pronunciada por la claridad del día. Camino por el Puerto de Pajares y por un momento veo, a mi izquierda y abajo en el valle, San Miguel del Río. Uno o dos kilómetros más allá llego a una pequeña capilla y, sorpresa, encuentro un monolito que señala el Camino y flechas amarillas que me conducen a un camino empinado que se dirige a la falda de la montaña. La capilla está dedicada a Nuestra Señora de las Nieves.

Subo y llego a un camino precioso por un bosque callado, sereno, un mundo en sí mismo. Un mundo irreal de belleza y tranquilidad que dura, me parece, un breve momento porque enseguida llego hasta la verja de una casa que me devuelve a la realidad. Una flecha amarilla, o lo que queda de ella, me invita a seguir y llego a una casa pequeña y humilde. Hasta ahora esperaba encontrar lobos por el camino, pero el sendero termina en la casa y me enfrento a dos perros muy grandes y aparentemente hambrientos. Me retiro dando gracias por un momento de magia y por no haberme convertido en comida para perros. Vuelvo a la capilla, hago una fotografía y sigo bajando por la N-630.

Un kilómetro después encuentro otro monolito y otra flecha amarilla. Falto de neuronas y cansado por haber esquivado los coches en la carretera, de nuevo subí una vereda que me condujo enseguida a una aldea muy pequeña. Allí encontré un bar y el cínico que hay en mí me dijo "¡se quedaron contigo otra vez!". Justo entonces apareció un hombre y le pregunté: "¿Y el camino?" Me dice: "Bueno, sí, hay un trozo que conduce a la iglesia al otro lado de la colina - allí, a su izquierda". Miro y veo sólo maleza. "¿No hay nada más?", le pregunto. Y me dice: "bueno, podría ser detrás de aquella casa". Camino hasta la casa y, escondido como si fuera la joya de la corona, encuentro un monolito. Nadie dijo que iba a ser fácil...

Desde el monolito sigo una vereda por la que atravieso la hondonada y subo a la iglesia que tiene el nombre de "cabezón". Me pregunto si estarían pensando en mí. La iglesia no pertenece a ningún estilo arquitectónico y está cerrada. Debería haber hecho una fotografía pero en vez de eso me marché. Muy poco después llego a un cruce, pero no hay flechas y elijo el camino de la izquierda. De bajada, en un valle muy estrecho, hay una aldea pequeña por la que puede haber una ruta mejor. Pero nunca lo sabré.

Finalmente llego a una carretera asfaltada y estrecha con un cartel que dice: "Camino de Santiago". La carretera me devuelve a la N-630 donde encuentro una flecha indicando bajar de la colina. Pronto me encuentro en los Llanos de Somerón donde no puedo competir con los vehículos. Son más o menos las 12 cuando entro en Campumanos. Allí debía haberme desviado por una carretera comarcal, continuación de la N-630, pero en su lugar seguí por la autopista. Estoy casi en Pola de Lena cuando oigo a un hombre que me grita desde un acceso a la carretera: "Le van a multar". Aparentemente no se puede caminar por la autopista y yo debía haber estado enterado. Entonces el hombre me ayuda a saltar la valla que delimita la autopista y en 30 minutos llego a Pola de Lena. Son las 2.30 de la tarde. Encuentro un bar y tomo una cerveza; me dirijo a la Oficina de Turismo, que está cerrada; llamo al Ayuntamiento, me ponen música; encuentro un hotel y leo un cartel que dice: "No abrimos hasta las 4 de la tarde". Por suerte no hay peregrinos ni caminantes - de hecho no he visto un mochilero desde que salí de León ni tampoco un albergue. ¿¿¡¡Coincidencias!!?? El tiempo es maravilloso, la vida me sonríe y mañana estaré en Oviedo.

Holgazaneé en la cama hasta las 6, pero hacia las 7.15 ya caminaba hacia Mieres del Camino. La mañana es algo fresca y está nublado. Voy directamente a la A-242 desde la ciudad y enseguida camino por una zona semi-rural hasta Ujo. El arcén no es lo mejor, pero afortunadamente hay poco tráfico. La mayor parte de él se desvía por la autopista que veo a mi izquierda. Una vez en Ujo tengo varias opciones; puedo cruzar el río y la autopista y recuperar la N-630; puedo seguir por la A-242 y atravesar derecho la ciudad; o puedo seguir una senda a lo largo del río Caudal. Elijo seguir la senda y pronto descubro que es lo correcto... para variar. La senda es, de hecho, el Camino y está muy bien marcada con monolitos, flechas e incluso las marcas rojas y blancas del GR-65. La senda me lleva, durante 6 kilómetros, hasta Mieres, una ciudad antigua cuya relación con el Camino queda patente en su nombre "Mieres del Camino". Una flecha me indica seguir el río hasta la ciudad y allí otra vez hacia la izquierda. Pero esa fue la última flecha que vi hoy. Estoy buscando la "carretera vieja" y después de una serie de preguntas, puedo encontrarla.

Supuse que con la autopista, la N-630 tendría poco tráfico. Era importante, ya que aún debo hacer otros 19 kilómetros antes de llegar a Oviedo. Desafortunadamente unos dos kilómetros al norte de Mieres me encontré con que la autopista estaba cerrada y todo el tráfico se desviaba por la N-630. La carretera estaba repleta de una interminable fila de camiones y coches. Ésta es una zona industrial y padece una impresionante congestión de tráfico. Me resigné y caminé.

Más tarde, me dijeron que hay otras "rutas", pero en ese momento me encontré compitiendo con cientos de vehículos. De pronto todos los automóviles comenzaron a aproximarse a mí con las luces encendidas. Como estaba muy nublado pensé que estaría lloviendo más adelante en la carretera- pero era extraño, los coches no estaban mojados. Pronto descubrí que caminaba hacia un túnel, que crucé, luego otro y otro y otro. Cuando acabé de cruzar túneles y salí a la parte en que se sitúa Oviedo, no tenía idea de cuánto había caminado. Pero mucho después pude oír el eco y el rugir de los vehículos producidos mientras compartíamos los túneles. Todo este tramo es, sin ninguna duda, el camino más ingrato que jamás he hecho. El último túnel está a unos 11 kilómetros de Oviedo. Son cerca de las 13 horas cuando dejo atrás los túneles y acelero el paso. Subo una colina, se llama "El Alto" y allí, por primera vez y a lo lejos, puedo ver Oviedo. Se oculta tras la neblina y da la impresión de ser una ciudad amurallada. Pero no. Es sólo una aglomeración de edificios grandes y altos que ambientan las
carreteras modernas y elevadas que conducen a la ciudad.

Entro a la ciudad a las 2.30 y la carretera me deja en una calle que va directamente a la Plaza Alfonso II y la catedral. La Oficina de Turismo también se localiza aquí pero, dada la hora, está cerrada. Suelto la mochila, hago unas fotografías, admiro la catedral desde fuera y me fijo en un hombre que está barriendo la calle. Le pregunto "¿Dónde está la calle San Pedro de Metallón?" Me indica la dirección y me dice "¿Va al albergue?" Las luces brillan, la senda se abre y en menos de 5 minutos estoy en mi destino final para este día.
Camino hacia el Colegio de los Dominicos, entro y pregunto por el albergue. Me indican que está al otro lado de la calle, pero está cerrado y no abrirá hasta las 4 de la tarde. "Pero no se preocupe -me dicen- la señora Petry, dueña de la tienda que hay en la puerta de al lado, tiene la llave". Busco a la señora Petry pero no está allí, debe de "llegar enseguida". Vuelvo a la placita frente al Colegio y enseguida me meto en conversación con un joven que acaba de terminar el curso en los Dominicos. Me dice que hizo el año pasado el Camino del Norte y este año le gustaría hacer el Camino Antiguo, el que haré yo. Nos hacemos amigos y enseguida una joven, amiga suya, se une a nosotros. Hablamos del Camino, ella quiere hacerlo este año, y me pide consejo. Le doy mi sermón sobre las botas y la preparación física y entonces otra joven, Rebeca, se nos une. Continuamos hablando. El joven quiere estudiar periodismo; Paca, la primera chica, derecho y Rebeca sociología. Me bombardean con preguntas sobre EE.UU y comparten conmigo sus experiencias. Son las 4.30 y la Petry no ha aparecido. Las chicas, por su parte, van hacia la tienda y cuando vuelven dicen que la Petry viene para acá. Nos decimos adiós como si nos conociéramos de toda la vida. Les deseo buena suerte y ellos a mí "Buen Camino". Fue la mejor conversación que he tenido con chicos de esa edad en mucho tiempo. Me alegra su cordialidad, su ingenuidad, inocencia y transparencia. Una vez yo fui así...
Alrededor de las 5 la Petry llega. Me conduce al albergue y me dice que alguien de la Asociación vendrá hacia las 8. El albergue es cómodo, limpio y tiene 18 camas. Tiene nevera pero no se permite cocinar.

Me ducho y salgo a dar una vuelta por la parte antigua. Enseguida me doy cuenta de que Oviedo es demasiado grande para verlo en pocas horas. Además he leído que mañana por la noche están programados una "zarzuela" (una comedia musical española) y un concierto de la Filarmónica de Moldavia. Decido pasar otra noche en Oviedo.

Vuelvo al albergue y me encuentro que han llegado varios miembros de la Asociación. Me reúno con ellos y hablamos de la falta de información en León. Me dicen que hay un camino y me enseñan la guía que han editado. Compro una. Les cuento que pienso pasar otra noche en Oviedo y me invitan a quedarme también en el albergue (normalmente no puedes estar más de una noche en cada albergue). Uno de ellos es José Luis Galán González, el autor de la guía. Mantenemos una larga conversación y me impresiona su conocimiento de Oviedo y del camino. Me da su número de teléfono y se ofrece a ser mi guía mañana por la ciudad.

Son más de las 9 de la noche cuando salgo a cenar. La parte antigua de la ciudad está llena de todo tipo de restaurantes, bares y mesones y ceno estupendamente por 1.200 pts. Cuando estoy preparado para salir, el camarero me dice "el lugar está lleno de extranjeros" --- Le digo "deberías ver el Camino Francés" y vuelvo al albergue y a la cama. Paso la noche solo.

Duermo hasta tarde --- no es hasta después de las 8 cuando me levanto. Me siento extraño estando en un albergue todo para mí, sin gente apresurándose alrededor para correr hasta el siguiente albergue. Salgo y vagabundeo por el casco viejo y encuentro el Teatro Campoamor. A las 10.30 me encuentro con José Luis. Es un hombre alto y bien parecido, probablemente con cincuenta y muchos o sesenta y pocos años, el prototipo de caballero español. Es muy educado, tiene gran conocimiento de la historia de Oviedo y Asturias y es muy generoso.
Me lleva a recorrer la catedral y en particular la Cámara Santa, también conocida como la Capilla de San Miguel, donde se guardan el Arca Santa y el Sudario de Oviedo. El arca le ha dado a Oviedo la reputación de "ciudad santuario", por eso enlazan su significado religioso al de Santiago. Esto ha originado el dicho:

Quien va a Santiago
Y no a San Salvador Sirve al Criado
Y deja al Señor

Visitamos una serie de monumentos e iglesias y a las 12.30 caminamos hacia el teatro y compro una entrada para el espectáculo de esta tarde. Más tarde, me lleva a los suburbios de la ciudad para visitar Santa María del Naranco (hacia el año 848) considerada la expresión suprema del arte asturiano. Fue, originalmente, la "casa" del rey del país y finalmente una iglesia. Cerca de allí visitamos también San Miguel de Lillo, otra joya de la arquitectura asturiana que data de los años 857 y 905.

Acabamos la mañana en el Club Asturiano, un elegante local con una vista maravillosa de Oviedo y su valle circundante. El Club estaba construido supuestamente con donaciones hechas por los asturianos emigrados a Cuba. En el club me invitó a una botella de "sidra", la bebida local típica y me enseñó la manera apropiada de tirarla y beberla. Ha sido una mañana extraordinaria gracias a la generosidad y el salero de una persona a la que no conocía hace 48 horas. Invito a José Luis a la zarzuela y a comer pero tiene asuntos pendientes y le dejo preguntándome cómo le puedo expresar mi aprecio por su amabilidad.

Alrededor de las 2 de la tarde me voy a comer, vuelvo al albergue y duermo la siesta, lavo la ropa y a las 8 salgo hacia el teatro. La zarzuela es muy divertida y sólo lamento que no tuviera tiempo de ir al concierto. Me pierdo la música cuando camino. Son las 11 de la noche cuando vuelvo al albergue. Está vacío. Me duermo pensando que el Camino está lleno de sorpresas.

Vuelvo a la realidad y me levanto a las 6. Disfruto con el silencio y la tranquilidad de un albergue vacío pero a las 7.15 estoy en camino. Tengo buenas instrucciones para encontrar la salida de la ciudad pero a pesar de eso tengo problemas. Son las 9 y no he salido de los suburbios. La carretera o la calle que constituyen el Camino no existen porque están en obras de ampliación y se han perdido las señales. Sigo mi intuición y finalmente encuentro un camino agrícola y allí encuentro algunas flechas. Desde este punto, el Camino está bien marcado pero hay que ir con cuidado ya que el camino gira, tuerce y va por los lugares más insospechados. Con la excepción de 2.5 kilómetros entre Peña Flor y Grado, el Camino sigue caminos de tierra o agrarios.

No es totalmente como en León. Aquí el terreno es muy accidentado e irregular, con muchas subidas y bajadas. Es una región bella pero no se puede apreciar en su totalidad por la constante neblina o niebla. José Luis me dijo que sólo después de una buena lluvia mejora la visibilidad. Pero seguro que no quiero lluvia.

Llegué a Grado justo antes de las 2 de la tarde y me alojo en el Albergue de la Juventud, un palacio en sus orígenes. Es una instalación excelente, limpia y muy moderna. ¡Está vacía! También hay un albergue de peregrinos y me han dicho que también está muy bien. No lo veré.
Grado no es una ciudad muy interesante. Aunque fue fundada antes de 1.256, no queda nada de la ciudad antigua ni de su muralla. Cené en "El Cabano", cerca del hostal. Lo menciono porque es el único lugar de España donde han intentado cobrarme más de lo debido.

Se duerme muy bien en un albergue vacío y el aseo matutino es como estarlo haciendo en casa. Por otro lado, no hay convivencia ni oportunidades de practicar francés...

Dejo el hostal alrededor de las 7.45. La joven que lo atiende me deja una nota deseándome "Buen viaje y hasta pronto". Fuera, la niebla es tan densa que todo está húmedo. Me recuerda la "garua" en Lima, excepto que aquí no hay visibilidad. Dejo la ciudad atrás y pronto llego al punto donde tengo que girar a la derecha hacia un camino de tierra. Allí, me acerco a una joven que se dirige a su casa y me dice que siga la carretera porque el Camino está en "muy malas condiciones". Se lo agradezco y sigo las flechas. Poco después llego al camino que sube al albergue de San Juan de Villapañada. Decido no subir al albergue, sigo por el camino y me pierdo, según las opiniones de dos personas a las que consulto por el camino. Una me dice que no estoy en la senda correcta, la otra está convencida de que he perdido el camino.

Unos 30 minutos más tarde vuelvo a la N-634 y en la siguiente hora asciendo al Alto de Cabruñama y luego bajo a Corvellana donde encuentro de nuevo el camino. Sigo por un precioso valle y a lo largo de la orilla del río Nonaya. Paso por Quintana y su iglesia y me dirijo hacia Casazorrina. Tras la aldea, el camino casi desaparece. Sé qué camino seguir pero la vegetación ha cubierto la senda completamente y caminar no es sino inundarse. Hasta ahora el caminar había sido muy placentero pero desde aquí hasta Mallecín, es miserable. Por fortuna es poca la distancia y pronto, alrededor de las 12.30, entro a Salas.

Visito el Ayuntamiento y me dan la dirección del albergue. Lo encuentro, lo veo y me marcho. El albergue se encuentra en un edificio que funciona como asilo para la tercera edad y, aunque sonara a desagradecido, debo decir que es una vergüenza.
Vuelvo a la plaza del pueblo y me siento en un banco buscando otras opciones. Enseguida encuentro a una pareja de ingleses y el marido me dice que se alojan en el Castillo Valdés Sala, el edificio antiguo más importante del pueblo. Me dirijo a ese castillo antiguo y ahora parador, pido una habitación y aquí es donde pasaré la noche. El castillo de Valdés fue la "casa" familiar de Fernando de Valdés-Salas (1.483-1.586), que fue arzobispo de Sevilla, Inquisidor General y fundador de la Universidad de Oviedo. El castillo se construyó en el siglo XVI. Anoche un palacio, hoy un castillo. ¡¡¡Cómo podría ser mejor!!!

Una anotación sobre los lobos. Parece que apenas quedan lobos en España. Pero han sido sustituidos por enormes pastores alemanes y mastines similares cuyos propietarios no los alimentan y que piensan que los peregrinos y caminantes flacos y malolientes son el menú del día... ¡Gracias a Dios por el bordón!

Hacia las 7.50 y después de una subida muy saludable alcanzo la N-634. El tiempo es perfecto para salir al campo; es un día perfecto para caminar y estar vivo.

Tras un breve paseo por la N-634 paso el resto de la mañana subiendo a la Sierra de Bodenaya, más conocido como el "ascenso al espino", que creo que es un nombre más apropiado. Primero me conduce a Porciles donde una señora mayor me grita desde la ventana "¡Cómo madrugaste!" o "¡Seguro que te has levantado temprano!". Son apenas las 8.30. Sigo ascendiendo y llego a Espina, atravieso el pueblo y subo derecho por caminos de tierra y sendas que se entrecruzan en las estribaciones de las montañas mientras, valle abajo, los coches avanzan sin dificultad por la N-634. Me dan envidia...

El camino está bien marcado pero en algunas zonas la vegetación comienza a cubrirlo y en otras está muy enfangado. Y pensar que no ha llovido... Es un día claro y se puede apreciar claramente la belleza de estas montañas. El precio, una subida de más de 400 metros sin tener en cuenta las innumerables subidas y bajadas de toda la etapa.

Llego a Tineo y justo a la salida del pueblo visito la Capilla de San Roque, construida en el siglo XVII y último vestigio de un antiguo hospital de peregrinos (albergue). El pueblo en sí es relativamente moderno, con arquitectura ecléctica. No es muy atractivo, pero de los muchos que he visitado en España, es uno de los que tiene vistas magníficas de los alrededores. Una vista que hoy puede ser contemplada.
Camino hacia el Ayuntamiento. Está cerrado. Veo un policía; me dirijo hacia él y él hacia mí. "¿Está buscando el albergue?" me pregunta. Le digo que sí y me lleva al Ayuntamiento, anota mis datos y me da la llave. ¡Es gratuito! Busco el albergue y lo encuentro enseguida. Es un edificio que hasta hace 5 años servía de matadero. Así que he ido descendiendo en el Camino desde un palacio, a un castillo y hoy a un matadero. Una excelente lección de humildad.

El albergue no está muy bien mantenido pero necesito lavar la ropa y decido pasar en él la noche. Tiene un calentador de agua pero, siguiendo con el "día de la humildad", me ducho con agua fría. Lavo la ropa y salgo a almorzar. Como estupendamente por 1.000 pts en el hotel-restaurante San Miguel. El propietario me lo enseña y las vistas desde las habitaciones son realmente muy impresionantes. Es modesto pero limpio y lo recomendaría a otros caminantes.

Vuelvo al albergue ya que todo está cerrado los sábados por la tarde. Allí encuentro a una señora muy mayor y converso largamente con ella. Ha vivido en esta región toda su vida y enseguida comparte conmigo la historia del pueblo y la suya propia. Es fascinante... no hay mejor libro de historia.

La ropa se ha secado. El tiempo ha cambiado de fresco a casi cálido y por ahora tendré que empezar a caminar muy temprano para evitar el calor de la tarde. Será duro los días que, como mañana, tendré que caminar 32 kilómetros. Cubrir largas distancias no es mi objetivo, prefiero una media de 15 millas (24 kms), pero la meta final está determinada según la posibilidad de alojamiento. Y cuando camino por aldeas y pueblos pequeños éste falta.

Por ahora parece que estaré en Santiago sobre la primera semana de junio. Ahora me encuentro a 237 kilómetros de allí. La distancia desde León podría haber sido sólo de 300, así que el "desvío" por Asturias ha añadido algunos kilómetros más de camino. Era lo esperado. De cualquier modo, venir hasta aquí no es sólo cuestión de distancia. Este Camino es, dada la topografía, mucho más difícil. La ausencia de otros caminantes es la evidencia. Hasta hoy no he visto a ningún otro caminante desde que salí de León. Los hay, como indican los registros de los albergues, pero no muchos.

Son las 9 de la noche. Estoy solo, tranquilo y feliz. Esta tarde hablé con La Flaca. Todo va bien en casa. ¿Qué más se puede pedir?

Entro en Pola de Allande a la 1.20 de la tarde. He hecho 32 kilómetros en poco más de 6 horas. Tengo sed, hace calor y estoy cansado. Ha sido un maravilloso día que gradualmente se fue calentando y se hizo algo incómodo. Pero a primera hora de la mañana, mientras subía a Obano, no pude haber pedido un momento mejor. Por cierto, en 1.212 el rey Alfonso IX, que se suponía pasó una noche en el Monasterio de Santa María la Real de Obano, hizo de este sitio parada obligatoria para los que peregrinaban a Santiago. El monasterio funcionó hasta 1.835, más de 600 años. En la actualidad es una iglesia.

Fue un día largo y el perfil que tengo del Camino me engañó. La mayor parte de la etapa es subida con la excepción de las ahora bien conocidas subidas y bajadas. Pero está bien marcado y la senda no tenía tanto barro. Como siempre, la gente fue amable y animante, y hacia el final, en Colinas de Arriba, muy servicial. Cuando llegué a ese pueblo tenía sed y estaba sin agua y una señora me ofreció agua justo cuando más lo necesitaba.

El paisaje continúa siendo muy bello, pero se desea que hubiera más claridad en vez de la neblina persistente. Estoy alojado en el hotel Nueva Allandasa. Supuestamente hay un albergue en el pueblo, pero pensé que probablemente estaba vacío y no me gustaba pasar otra noche conmigo mismo. Hace 8 días que dejé León y hasta ahora no he visto un solo peregrino o caminante... Ciertamente extraordinario...
Mañana tengo una leve subida de 600 metros al Puerto del Palo, uno de los últimos "espinos" de Asturias. Debería anotar que la cena en el hotel esta noche ha sido extremadamente buena. No hay duda de que se come muy, pero que muy bien en este Principado.

Algo pasadas las 10 de la mañana llego al Puerto del Palo. He echado más de 3 horas subiendo esta cuesta deliciosamente malévola. Salí con un desayuno consistente en pan, una galleta y agua y durante el ascenso tuve que recurrir a mis raciones de emergencia para reponer fuerzas. Antes de llegar a la carretera que felizmente me lleva al puerto (paso) había consumido mi pequeña bolsa de dátiles.

El camino de subida no está bien marcado. La guía dice que sigas las torres de alta tensión pero alguien olvidó decírselo al camino (o los caminos) que parecen ir en distintas direcciones. Por primera vez elegí el camino equivocado y tuve que volver y empezar otra vez. Es una subida que te deja sin habla, tanto para los hombres como para las máquinas. Cuando finalmente llego al final del camino (no del paso) y salgo a la carretera, puedo ver allá abajo los vehículos luchando montaña arriba por una carretera tortuosa.

Una vez en la carretera es un breve paseo hasta el paso, pero me pareció interminable. No me he podido reponer todavía... ¿¿¿¡¡¡o es que me estoy volviendo un quejica!!!??? Por fin llego al paso, hago una fotografía y empiezo el descenso por un camino empinado y muy pedregoso. Me siento como si fuera el fin del mundo. Tanto que me cruzo, para mi gran sorpresa, con un ciervo. Camino abajo puedo ver una pequeña aldea que debe ser Montefurado. La dejo atrás y de nuevo subo hasta un camino que finalmente me conduce a Lago. Allí encuentro un bar. Es como un oasis en el desierto. Son las 12 --- pido un bocadillo y me bebo dos coca-colas con montañas de hielo. A las coca-colas les sigue una botella de agua, pero aún me siento deshidratado. Tengo dificultad en recuperar todo el líquido que he perdido subiendo al puerto.

Dejo el bar y sigo subiendo hasta Berducedo. Bebo una coca-cola y otra botella de agua. Me siento más fuerte y sigo ascendiendo la última montaña, bajo un sol brillante, por un camino que me lleva hasta La Mesa. Son las 2.30 de la tarde.

Antes de entrar en la aldea encuentro una fuente y aprovecho la ocasión. Entro a la aldea, visito los restos de una capilla antigua y luego me fijo en un edificio relativamente moderno que debe ser el albergue. Me acerco y desfallezco. El albergue está cerrado y no hay nadie por allí. Me siento fuera y descanso y, como nadie aparece, decido escribir estas notas.

En mi opinión, los 20 kilómetros de hoy son con toda probabilidad los más difíciles de todo el Camino. Aparte del hecho de que se camina por una zona desolada (que no imaginaba), las subidas son matadoras, hay poca o ninguna sombra (excepto un bosque de pinos justo antes de Berducero), falta el agua y todo unido al tiempo, que se está volviendo bastante caluroso. Desgraciadamente el Camino no está bien señalizado y da lugar a dudas e incluso confusiones. Lo peor es que ¡no hay hotel de cinco estrellas en La Mesa! Así que estoy en la puerta, esperando...

Hacia las 4 de la tarde voy a buscar a la persona encargada del albergue. No he visto un alma desde que llegué a la aldea. Por suerte hay sólo unas pocas casas y la mujer que había en la primera a la que me he dirigido, tiene la llave del albergue. Me la da y de nuevo soy el único ocupante. Es un albergue bonito -incluso tiene agua caliente, que me sorprende. Tiene una hornilla pero no utensilios de cocina. Esto crea un problema menor, ya que no hay donde comer en la aldea. Tengo pan sin sal que compré antes de ayer en Tineo, así que seguiré con mi dieta de pan y agua. Debe haber una lección de todo esto. Ayer un verdadero banquete, hoy a dieta. Camino con unos 100 dólares, unas 25.000 pts, y una tarjeta visa platino, ¡todo inútil! No es la primera vez que me ocurre y siempre llego a la misma conclusión... Soy afortunado por tener pan sin sal, hay muchos que ni siquiera tienen eso.

Mañana será un día corto. Son sólo 18 kilómetros hasta Grandas de Salime, mi última noche en Asturias. Debería haber una forma de poder expresar mi aprecio a todos los buenos asturianos, por este maravilloso viaje. Debo pensar en algo. Lavé la ropa muy tarde pero ya casi está seca. Son más de las 6 y todavía se siente el calor, lo que hace que me pregunte cómo será, en dos semanas, cuando comience el periplo por Andalucía y Extremadura. Como siempre, aún no he terminado este camino y ya estoy pensando en lo que vendrá. ¿Cambiaré alguna vez...? Lo dudo.

Salgo del albergue, giro a la izquierda y comienzo a subir por una carretera bastante empinada. También ha salido el sol, brillante y cegador. El día promete ser caliente. En unos 20 minutos llego arriba y sigo la senda que me lleva hasta una granja. Un monolito indica esa dirección pero el camino desciende hacia la izquierda. La primera decisión del día... empiezo a bajar, cambio de opinión y me dirijo a la casa acompañado de una sinfonía de ladridos de perros. Deben estar tan hambrientos como yo, pues mi desayuno ha consistido en pan sin sal y duro y unos higos secos de mis raciones de emergencia. ¡El agua tenía un sabor extremadamente bueno!

Llego a la granja y una mujer sale a saludarme. "Buenos días, señora. ¿Pasa por aquí el Camino?" le pregunto. "Sí", me responde y abre una cancela junto a la casa. "El Camino no está bien señalizado", me dice, y nos despedimos pero no antes de pedirme que cierre la siguiente cancela para que las vacas no se salgan. Le prometo hacerlo y continúo, preguntándome cómo debe ser el vivir en medio de ninguna parte.
Empiezo a descender hacia el embalse y veo en el horizonte, a través de la neblina y detrás de este gran cañón ahora lleno de agua, lo que parece ser un pueblo. ¿O son grandes rocas? Bajo por la ladera de la montaña, la tierra está sin árboles pero cubierta de arbustos llenos de espinos que no sólo enganchan sino que también causan picor (creo que se llaman zarzas). En un momento determinado, el camino se divide y decido ir por la derecha. Una buena decisión ya que poco después la senda acaba pero encuentro un monolito. Desde aquí y hacia abajo veo lo que parece ser una cinta gruesa y gris, es el embalse.

El sol que salió a la par que yo, ya no es visible. Estoy bajo la cima de la montaña y su ladera sirve de sombrilla. Caminaré entre sombras el resto del camino hasta el embalse. El Camino sigue bajando pero de vez en cuando sigue un sendero ondulante de tierra abierto en la ladera de la montaña. Abajo, a sus pies, está el embalse y el único camino para salir de aquí es seguir o volver al punto de inicio.
Hete aquí que veo la primera y última flecha amarilla del día.

No es hasta después de las 9.30 cuando llego a la carretera que lleva a la presa y que cruza hasta el otro lado del embalse. Antes había pensado que había ido demasiado lejos y perdido el camino hacia la presa. Entonces, de repente, encuentro un monolito que me indica bajar a la carretera por un camino muy estrecho. He tardado dos maravillosas horas de absoluta soledad, caminando lentamente y disfrutando cada minuto de ella. Sabía que no volvería a bajar esta bella montaña otra vez.

Camino por la carretera, cruzo el embalse por la presa, hago algunas fotografías y me preparo para hacer los últimos 6 kilómetros por la carretera que sube a lo que pensé eran un "montón de rocas" y que realmente es Grandas de Salime. Como un kilómetro después encuentro un hostal rural donde hago una parada, tomo un cola-cao y dos trozos de pastel. Es la primera comida "real" de las últimas 24 horas. Subo por un camino empinado y dos kilómetros antes de llegar a Grandas encuentro un monolito que desvía el Camino por un camino de cabras hacia la ladera de la montaña. Lo ignoro y 500 metros después encuentro una fuente con un agua fresca y de sabor maravilloso --- ¡sí, el agua tiene sabor! Otros 500 metros más allá encuentro un parque y me tomo un respiro. Son las 11.15 cuando entro en Grandas.

Estoy pasando la noche en un albergue situado en la "casa consistorial" (Ayuntamiento ). Me ducho, salgo y compro comida para mañana y a las 2 de la tarde voy a comer. Vuelvo y duermo la siesta. Estoy solo hasta las 5, cuando aparece otro caminante. Es un español que viene de Oviedo y se le ve peor que yo... ¿Es posible? Acabará aquí su camino y volverá a su casa en Palencia. Aparentemente se perdió y se ha herido con las zarzas mientras intentaba abrirse paso entre los arbustos camino del embalse. Verdaderamente no tiene muy buena pinta.
Me encontré a Luis esta tarde. Regenta el bar frente al Ayuntamiento. A Luis no le gustan los yankis: en su opinión, "no tienen cultura, todos comen hamburguesas y pizzas y meten la nariz en los negocios de todo el mundo". Además, "ayudan a Israel porque los judíos controlan los EE.UU." Le dije que les pediría a algunos de mis amigos judíos que financien un McDonald en Grandas... ¡Pensé que iba a darle un infarto! Luis no es el único. Me he encontrado con algunas personas a las que, por diferentes razones, no les gustan los EE.UU. Algunas son ciertamente ignorantes, pero otras tienen buena educación y pueden presentar argumentos razonables. Temo que algunas de nuestras políticas exteriores, principalmente las relacionadas con Oriente Medio, no son bien recibidas o hemos fallado en explicar nuestra posición clara y efectivamente.

Más tarde, en mi búsqueda por "conocer" visité el Museo Etnográfico local. Ha sido un gran proyecto de vida de José Naveiras Escanlar, un caballero del pueblo que ha realizado un trabajo excelente para crear un museo costumbrista que representa la vida aquí hace más de 40 años. Algunos objetos, como una radio antigua y una plancha de carbón, los conocía. (¡A lo mejor yo pertenezco al museo!) La vida ha debido ser muy dura, los recursos limitados y las familias muy numerosas, y por si fuera poco, los abundantes artilugios "industriales" y agrícolas que fabricaban muestran claramente su habilidad.

Esta noche será la primera desde León que comparto un albergue. Anoche repasé el libro de registro del albergue de La Mesa y conté que desde principios de año 12 personas, incluyéndome a mí, habían pasado la noche allí. Qué despilfarro...
Mañana tengo otro puerto, El Acebo. La meta del día es Fonsagrada, a una altitud de 900 metros (casi 3000 pies), y por tanto será otro día de subidas. Pero ¿¡qué puedo esperar si estoy en un país montañoso, no!?

Levanté a mi compañero de albergue, el primero, el último y el único caminante de Asturias. Son las 5.55 pero hasta las 7 no dejo atrás Grandas. Hay mucha niebla y la visibilidad está muy limitada. Camino por un sendero de tierra que va paralelo a la N-630. Hacia las 8.30 y antes de llegar a Peñafuerte me encuentro con una pequeña capilla que, para mi sorpresa, está abierta. Poco después salgo a la carretera y comienzo el ascenso al Puerto del Acebo. Camino por la carretera, pero hay muy poco tráfico. Llego a la cima -el ascenso no ha sido difícil- pero ahora estoy a una altitud de 1.093 metros. Comienzo el descenso hacia el "caserío" de El Acebo. Son las 10. Poco antes de llegar al caserío descubro, por casualidad, una fuente. He agotado el agua que traía y el agua de la fuente tiene una pinta dudosa, pero hago la prueba y bebo. Como debe ser, el agua está fría y refresca. En El Acebo encuentro un bar rural -es la única edificación del "caserío" y aquí el camino se dirige a la izquierda y sube, apartándose de la carretera.

Ahora estoy en la provincia de Lugo y dejo atrás las cimas y montañas de Asturias, en ese momento coronadas por la niebla que ha seguido cubriendo valles y hondonadas. Justo antes de llegar a Cabreira, veo a mi izquierda y a lo lejos una gran ciudad que parece brotar de la ladera de la montaña. Deduzco que es Fonsagrada. Aquí en Lugo las estrellas en los monolitos que señalan el Camino se han desvirtuado. Los rayos que deberían apuntar hacia el lugar desde el que vienes, ahora apuntan hacia delante. Es confuso y el problema se agrava con la falta de señales por el camino. En Fonfría casi me pierdo. Fue cuando no vi una flecha que indicaba torcer por una senda a la izquierda y yo caminé hasta el pueblo. Allí hablo con un granjero y su madre, que me enseña otro montón de flechas que me llevan a atravesar la aldea. La cruzo y subo por un camino de tierra y finalmente por una carretera que me lleva a Fonsagrada. Comienzo la última subida hasta el pueblo y casi en su entrada veo un monolito que me conduce a un camino bastante empinado. La falta de neuronas me hace seguir el camino indicado y rodeo el pueblo. Llego a una bifurcación en "T", sin direcciones, y decido tomar la de la izquierda, sé que el pueblo está allí y con seguridad entro en él ¡por la parte de atrás en vez de por delante!

Una vez allí encuentro un par de flechas que me conducen al centro del pueblo. Allí encuentro al padre Ramón, ocupado en supervisar las obras de reparación de la iglesia. Me dice que el albergue se dañó el invierno pasado y está cerrado por reparación. Me invita a la casa parroquial, hablamos del Camino, me da una guía del Camino, sella mi credencial y finalmente me invita a pasar la noche en la casa. La magia del Camino...

Me ducho y salgo a almorzar, vuelvo a la casa, lavo la ropa y descanso. Estoy sólo a 140 kilómetros de Santiago, menos de 100 millas.
Nota: Comí en el restaurante "Manolo". El lugar ofrece habitaciones por 2.000 pts que son, como me dijo el propietario y pude confirmarlo, cómodas, limpias y con unas vistas preciosas. También sirve una comida muy buena (1.000 pts), pero echo de menos el vino de La Rioja.
Hoy me sentí algo cansado. Los últimos días han requerido mucho trabajo y el calor no ayuda. Veremos cómo será mañana.

Ayer pude enterarme de por qué un monolito, casi a la entrada de Fonsagrada, envía al caminante a dar la vuelta al pueblo. Es porque ése es el atajo que conduce a Puebla de Buron y así evita cruzar Fonsagrada. Es lógico desde este punto de vista, pero también sería lógico poner una pequeña señal diciendo al caminante lo que "ellos saben" (vas hacia Puebla) y el caminante no. Pero demasiado...

Esta mañana cuando dejo la casa parroquial camino por un mundo inmerso en niebla. Son las 7 pero parece medianoche. Se deja el pueblo por la N-630 y se llega muy pronto a Padrón. Cruzo la aldea y a 50 metros a la izquierda está el cementerio. Desde allí las flechas te envían por un camino que se introduce en un bosque, cruza una carretera y sube con gran pendiente. Subo envuelto en niebla -la visibilidad se mide en metros-. Continúo subiendo un tiempo y puedo ver con dificultad la senda. Camino por un mundo surrealista donde no hay distancias y apenas sonidos. Sopla una brisa ligera y los pinos susurran -la niebla se condensa en las hojas y la brisa esparce las gotas sobre mí-. Es un camino mágico que finalmente me conduce a lo más alto donde encuentro una capilla pequeña. Hago una breve parada y empiezo el descenso. Hasta ahora, el Camino ha seguido una senda que gradualmente se convierte en un vereda muy estrecha. Mientras desciendo, la niebla comienza a disiparse y en pocos momentos puedo ver las laderas de la colina cubiertas de flores amarillas.

He caminado durante más de una hora y no he visto ni una sola flecha. Sigo la senda en un acto de fe o quizá de indiferencia mientras disfruto de una soledad absoluta en un mundo en el que sólo yo existo. Pero lo que me ocurre es que si he perdido el Camino, la vuelta va a ser larga y empinada hasta el punto de partida. Pero pronto encuentro un monolito que me envía colina abajo por una vereda difícilmente distinguible. Vuelvo a la realidad -el mundo mágico se ha disipado, como la niebla se ha desvanecido-.

Tengo que decidir si debo continuar el sendero o seguir las flechas por una vereda que no es vereda. Decido seguir las flechas -el sendero no puede verse y la maleza llega ahora hasta mi pecho-. Peor, no tengo la más vaga idea de dónde estoy...

Después de un momento el sendero llega a una "T" con una vía de tierra, pero no hay flechas. Decido ir por la izquierda y a los 300 metros me encuentro con una casa y una carretera asfaltada. He vuelto a la civilización. Camino por la carretera brevemente, me paro, suelto la mochila y me siento a comerme una manzana. Son ya más de las 10. Detrás de mí, caminando por una pista de tierra, una señora se aproxima. Me saluda y le pregunto cuál es el nombre de este sitio. Me responde "Paradavella". He caminado 17 kilómetros en 3 horas sin darme cuenta.
Charlamos y me dice que el Camino está cubierto completamente por la vegetación -¡Sorprendente!- y me sugiere que siga por la carretera. Atravieso el pueblo con el alegre acompañamiento de los ladridos de los perros. Aquí en Galicia los perros andan sueltos lo que requiere una respuesta más enérgica por mi parte. Un señor mayor me dice: "corren pero no cargan" - ¿y si olvidan su conducta normal, entonces qué? Dejo el pueblo y la carretera asciende. Y de repente veo un monolito a la izquierda que me envía por un sendero completamente cubierto de maleza. Me lo pienso y decido que la discreción es la mejor parte del valor y sigo por la carretera. El resto de la mañana pensaré sólo en esa decisión. Lo primero que me viene a la cabeza es: ¿qué me he perdido? Y entonces se me ocurre que el Camino es una metáfora de la vida... La vida es como una carretera que recorremos haciendo decisiones en cada momento que encontramos una coyuntura. La decisión de qué dirección seguir determina el camino de nuestra vida. Si tomamos el sencillo puede que al final se convierta en el más difícil y enojoso. Si tenemos la voluntad, el carácter y la determinación de seguir el más difícil quizá al final consigamos nuestros objetivos más deseados. ¿Cómo podemos saber? Como hoy, nunca sabré cómo es el camino que lleva desde Paradavella hasta Cadavo por un camino lleno de matojos, que baja por una profunda hondonada...

Lo que debía hacer en vez de eso era una fuerte subida a Lastra donde encuentro un bar, tomé un cola-cao y descubrí un monolito de Santiago de Compostela con la estrella apuntando hacia la carretera. Eran las 11.

Después de Lastra pensé que caminaría colina abajo, pero no fue así. La carretera tiene tres direcciones, dos suben y una baja. El mensaje estaba claro. Como compartiendo mi desaprobación, la niebla volvió y me acompaña en el largo ascenso del día. Y fue entre niebla como llegué a Fontaneira para ser recibido por un grupo de perros que corrían y me ladraban desde que llegué hasta que salí de tan gran metrópolis.

Poco después de las 12.45 llegué a Cadavo. Dependiendo de la guía consultada, había caminado 29 ó 31 kilómetros. Realmente no me importa -la etapa estaba cumplida. Hay un albergue en Cadavo pero estoy pasando la noche en La Moneda, una combinación de hotel-bar (1.200 pts). La comida fue muy buena. Por primera vez en Galicia comí pulpo de la forma que me gusta. El precio de 1.000 pts incluía una caña (cerveza). Tengo que llegar a Santiago en 5 días -estoy agotando las páginas de este cuaderno-.

Son las 6.50 cuando salgo del bar. La salida de la población es fácil y está marcada. Subo, con pendiente, hasta una pista asfaltada primero y luego de tierra que finalmente me lleva a la N-630. Casi inmediatamente empiezo a ascender otra vez y enseguida llego a un bosque precioso. Olvido las flechas y disfruto de la paz de los árboles interrumpida sólo por el trinar de los pájaros y el crujir de los árboles. Camino por los "Montes do Pedrazo y Valiña" o Montes de Albad. Tras un primer ascenso empinado para llegar al Alto de la Vaquilla (A Vaqueriza), camino por el bosque con poco o ningún cambio de altitud. No es como ayer; no obstante es un paseo muy bello. Sopla el viento y las rachas me golpean cuando salgo del bosque. Allí tuerzo a la izquierda y bajo hasta el pueblo de Vilabade. Me sorprendo porque pensaba que había cogido el camino hacia Vilalle. Pero tan descuidado como soy, no es de extrañar que no me haya perdido... sólo ligeramente desorientado. Vilabade tiene una iglesia gótica interesante, cerrada como es normal, y el "pazo" Abraira Arana con los escudos de varias familias antiguas y distinguidas de la zona. El pazo es hoy un hostal rural y también estaba cerrado. Lo que no encontré en el pueblo son las flechas y tuve que continuar adivinando el Camino. Busco Codesal y de algún modo llego a una aldea sin darme cuenta y me encuentro en Castroverde. Visito la iglesia, entro en un bar y pido un cola-cao. Quiero un trozo de pastel pero el joven que atiende el bar me dice que es antiguo. Le digo que no me importa y me lo sirve. Le pregunto por el Camino y es como preguntar el camino a Marte. El camarero me da una galleta... debo parecer un mendigo. Cuando le pido la cuenta se niega a cobrarme los dulces y le agradezco calladamente su acto de amabilidad. También es la magia del Camino...

Vuelvo a tomar el camino que atraviesa la población y justo en las afueras me encuentro un grupo de jubilados. "¿Y el Camino de Santiago?" les pregunto. "Bueno... baje la carretera que va a Lugo", alguien responde. Salgo del pueblo y lo primero que veo es una flecha amarilla que me conduce a una pista de tierra muy bonita, realmente preciosa. Es un rastro de raíces profundas flanqueado por árboles que me conduce hasta un lugar abierto. Pero el rastro en sí está encajonado y mientras lo sigo, se va transformando en un verdadero cauce. No hago pie y no puedo volver atrás. He acordado conmigo mismo que mantendría las botas secas y justo entonces me hundo hasta más de los tobillos y veo con horror cómo sale el agua de las botas. Como un chiquillo feliz (¡no me lo creo!) salto fuera del pantano, llego a un puente pequeño y paso los siguientes 30 minutos tratando de despegar el barro de las botas y cambiándome los calcetines. Poco después echo a andar brevemente hasta el final del sendero, giro a la izquierda y salgo a la carretera. Los dioses se estarán riendo... aunque yo también me río mientras pienso que incluso en los caminos más maravillosos se pueden encontrar feas espinas.

Camino por la carretera las dos horas siguientes..., no hay flechas. Unos 8 kilómetros al este de Lugo encuentro una señal, del tipo de las que creo se hicieron en 1.999 con motivo del Año Santo y, tonto como soy, y cansado de caminar por la carretera, sigo las direcciones. Es una vereda agradable que, unida al tiempo -hace un día maravilloso- hace que me olvide de mi anterior "desastre". Ando y ando y ando, y hacia la 1 de la tarde empiezo a pensar que estos han sido los 8 kilómetros más largos de mi vida. Nunca sabré con seguridad, pero en un momento dado pienso que estoy caminando en círculos. Justo cuando llego a una bifurcación que creo haber visto antes, giro a la derecha, subo una pequeña colina y a lo lejos está Lugo.

Continúo por la vereda que me lleva a un puente de piedra sobre la autopista, N-VI creo, lo cruzo, giro a la izquierda y camino hacia la carretera que creo es la N-630. Lo es y empiezo mi largo camino hacia Lugo. Son las 2 de la tarde. Tengo los pies quemados y por dos veces he tenido que usar medicina preventiva para evitar las ampollas (debido a las botas mojadas). Encuentro un bar justo más abajo de la ciudad (Lugo está en lo alto de una colina), voy hasta él y almuerzo. Son las 3 -uno de los días, si no el que más, más largos de esta andadura- cuando llego al bar, busco un lugar donde sentarme, me saco las botas y me pongo las deportivas. Y de este modo entro al centro histórico de la ciudad de Lugo.

Por supuesto, todo está cerrado a estas horas, pero busco un policía y le pregunto cómo se va al albergue. No sabe nada del albergue y me dice que vaya a la Comandancia de Policía y pregunte allí. Le pregunto si hay un hostal cercano y me indica el Hostal España, donde pasaré la noche.
Después de las 5 salgo e intento buscar alguna lavandería, pero fallo. Me doy una vuelta por la ciudad, visito la catedral, llego al Ayuntamiento, encuentro un cibercafé y leo mi correo y envío algunos mensajes. Salgo a cenar a las 10 de la noche, vuelvo al hostal hacia las 11 y me voy a la cama. Ha sido un día largo...

Me levanto tarde y no salgo al camino hasta las 8. Camino junto a la catedral y salgo por la Puerta de Santiago y el puente romano. Lo cruzo e inmediatamente giro a la derecha y empiezo el ascenso a una colina bastante empinada. Es la primera de las muchas que tiene el perfil de la etapa de hoy. Tras el largo día de ayer, mis planes para hoy eran hacer sólo 19 kilómetros hasta San Román de Retorta. Eso explica el porqué he salido tan "tarde" esta mañana. Pero el hombre propone y Dios dispone...

Después de subir la primera y empinadísima colina, crucé lo que creía ser la carretera principal y comencé un camino rural asfaltado. Éste será esa carretera o su continuación que me llevarán hoy hasta Palas de Rei. En general y cuando pienso en ello, el Camino hasta que llega al desvío a San Román, está bien señalizado. Recorre una pista muy solitaria, interrumpida ocasionalmente por pequeñas aldeas y atraviesa campos maravillosos y hondonadas poco profundas. A veces se rompe la paz y el silencio con el ladrido de los benditos perros. El Camino tiene su propia magia y nada que envidiar a los andaderos de Burgos y León.

El tiempo y las distancias pasan rápidamente y en lo que parece ser un corto espacio de tiempo camino por las aldeas de San Vicente de Burgos y San Miguel de Bacurín. Es un paseo bonito y hacia mediodía veo las señales que indican el desvío a San Román, lo veo, leo y no viene en la guía. Sigo adelante y no es hasta llegar a Villamayor de Negral cuando me doy cuenta que he ido más allá de mi destino de hoy. Justo aquí las flechas me dirigen por una pista de tierra que baja a una hondonada. Desciendo, asciendo, veo otra flecha que conduce a una aldea donde no hay más flechas. Busco un ser humano pero no hay nadie. Paro y un hombre y una mujer salen de las sombras -te apuesto que los Apaches acostumbraban hacer eso con el hombre blanco en el Lejano Oeste-. "No, el Camino no está bien marcado por aquí", me dicen y tras una larga conversación me convencen para que vuelva a la carretera por la que iba hasta encontrar la original por la que debía seguir. Sigo su consejo y pronto retomo "mi" carretera. No mucho después encontraré la salida al camino que nunca encuentro. ¡Si tú estás confundido por todo esto, imagínate yo!

Camino por ¡"mi" carretera! es la mía, ya que no hay ninguna otra... Los pájaros ya no cantan, las vacas hace tiempo que dejaron de sestear... y yo ando. Llego a una flecha pintada en el asfalto, cruzada por las palabras "camino cerrado" y otra flecha señalando carretera abajo con una inscripción que dice "camino provisional". Serían las últimas flechas que viera hoy.

Me han dicho que en Ferreira se puede encontrar alojamiento. Así que cuando llego a la carretera que entra en el pueblo, la sigo. Ando y ando y no hay indicación alguna de que Ferreira exista y decido no pasar la noche en Ferreira. Vuelvo a "mi" carretera y sigo caminando. Son las 3 de la tarde y llevo andando más de 7 horas. Hace calor. El asfalto está blando bajo mis botas, estoy sin agua. (Nota: en los 40 kilómetros entre Lugo y Palas de Rei no vi ni un bar ni una fuente.) Pero creo que no se me hará de noche hasta por lo menos las 10, así que tengo mucho tiempo y ningún problema real.

De repente me encuentro caminando por una aldea diminuta. Debe haber una media docena de personas trabajando. Un hombre y una mujer muy anciana están en el camino de tierra mirando una manguera. Les pregunto "¿Es éste el Camino de Santiago?". "Sí, es el Camino", me responde él. "Y dígame, ¿hay donde hospedarse entre este lugar y Palas de Rei?". "No", me contesta, lo que no me sorprende, pero añade "Palas de Rei está a 4 kilómetros". Quiero creerle, pero no puedo. No seas tonto, Rafael, por lo menos te quedan 12 kilómetros... pienso para mí.
Continúo pensando, podría ser, pero no estoy convencido. Son las 4 cuando entro a la carretera principal asfaltada. Giro a la izquierda y camino por Palas de Rei. Paro en el primer bar y pido una cerveza. He vuelto al Camino Francés.

Más tarde almuerzo en el hotel donde me hospedo y visito el albergue que está lleno de Godos. La hospitalera me recuerda del año pasado e incluso busca mi nombre en el registro. Es una vuelta a casa. Almuerzo con Manolo, un español que está haciendo el Camino y acordamos vernos en Madrid. Entre una cosa y otra llamo a La Flaca y comento mi viaje a Francia. También llamo a Pilar y le digo que me verá pronto en Granada. He vuelto al mundo y sólo estoy a 63 kilómetros de Santiago, apenas 3 días. Buenas noches...

Dejo el hotel alrededor de las 7.30 con una niebla bastante espesa que me acompañará durante casi dos horas. El Camino está aquí, por supuesto, bien marcado. Me lleva por una serie de colinas bajas que imponen alguna subida y bajada. Es un paisaje precioso y me sorprende no recordarlo del año pasado.

Antes de llegar a Melide, donde pasé la noche el año pasado, me encuentro con Vicente y Luis, ambos retirados del ejército español. Conversamos todo el camino hasta Melide y, una vez allí, hacemos un descanso. Nos sentamos en la acera de un café y me como un bocadillo y ellos beben café. Hacia las 11 sigo caminando y ellos ¡se quedan en la ciudad porque quieren comer pulpo, del que tiene fama la misma!; yo sigo hasta Ribadiso. Llego allí alrededor de las 12.30. He caminado unos 26 kilómetros y me quedan menos de 40 para Santiago. El albergue de Ribadiso se localiza en una orilla del río Iso, un lugar muy bonito. Es un complejo agrícola antiguo que ha sido convertido en cómodo albergue, que incluye unas excelentes instalaciones de ducha y demás e incluso lavadoras. Mientras me aseo conozco a Antonio y acordamos compartir un taxi y almorzar en Arzúa (Ribadiso está sólo a 4.9 kilómetros de Arzúa). Conozco a Eva, la mujer de Antonio. Son aragoneses y, como yo, han comenzado en Somport. Nos hacemos amigos, tomamos el taxi, hablamos de todo y él insiste en pagar la cuenta del almuerzo. Quieren volver a Melide para cenar pulpo y me invitan a unirme a ellos. Aunque sé que no tendré hambre, acepto y hacia las 7 de la tarde un taxi nos lleva a Melide -esto es realmente turismo- y todos, más bien ellos, toman "pulpo" en la famosa pulpería Exequiel. Y así acaba un día caracterizado por las buenas amistades que se hacen con rapidez en el Camino.

La diferencia entre el Camino Antiguo en Asturias y el Camino Francés son muy claras y dramáticas. He caminado durante dos semanas y 368 kilómetros desde León a Palas de Rei y he visto a un solitario caminante y los albergues estaban todos vacíos. Hoy me encuentro con 4 peregrinos en sólo un día y el albergue de Palas de Rei estaba lleno. Asturias es montañosa, el Camino Francés discurre por llanuras y encuentra la primera subida seria en O Cebreiro, al entrar a Galicia. Un camino es completamente solitario, el otro está abarrotado. El Camino Francés es probablemente más rico en iglesias y monumentos pero carece de las impresionantes vistas que se encuentran en Asturias. Físicamente, el Camino Antiguo es mucho más exigente y no encontrarás la camaradería que es tan común en el Camino Francés. Con mucho, es cuestión de preferencias personales, la capacidad física, el tiempo y frecuentemente la tolerancia para el gran número de peregrinos y caminantes que abarrotan el Camino Francés. El tiempo determinará el futuro del Camino Antiguo, pero mientras el Camino Francés se ha visto atestado de gente, no hay duda de que caminar por Asturias será una alternativa.

Me levanto muy temprano. Tengo la sensación de que mi cuerpo se ha acostumbrado al esfuerzo físico diario. Voy al baño, me lavo y vuelvo a mi litera a esperar que salga el sol. Alrededor de las 6.20 se marchan Antonio y Eva. Agarro mi mochila, desayuno y salgo. Es una mañana fría y muy nublada. Subo una colina empinada que me lleva a Arzúa y recuerdo el año pasado cuando llegué aquí con una chica joven de San Sebastián y la cafetería donde desayuné con Raymond. Es una zona preciosa, llena de eucaliptos que impregnan el ambiente con su aroma.
Una hora después alcanzo a Antonio y Eva. Me dicen que Valentín y Luis van sólo a 5 minutos por delante de nosotros. Alcanzo a Valentín y Luis y poco después paramos a hacer un descanso. Luis tiene problemas y con frecuencia tenemos que parar y esperarlo. Es temprano, las 12.30, cuando llegamos a Rúa y su hostal. Se quedan en el hostal pero yo, que hubiera preferido quedarme, sigo otro par de kilómetros hasta el albergue de Arca donde he quedado con Antonio y Eva. Llego allí espero con ellos a qu