El Camino a los sesenta y dos años. ( 1ª Parte )

Camino de Santiago 0€ 1614 hits

Descripción

Soy un varón que por necesidades de la vida tuve que empezar a trabajar a los 14 años, y a esa edad comencé a preocuparme por la vida, y como todo jovencito yo tenia mis gustos, mis aficiones y mis deseos.

Mis dos principales aficiones eran la lectura y la naturaleza, tuve la gran suerte de que a mi padre también le gustaba mucho la lectura, por lo cual en mi casa yo tenia muchos temes a mi disposición, y además mi padre nunca me prohibió ningún libro, podía leer a mi libre elección cualquiera de los que teníamos en casa, algunos estaban fuera de mi entendimiento, por lo cual yo mismo marque mi propia selección.

Yo he nacido y pasado toda mi vida en Madrid, y sobre mi otra afición la naturaleza, cuando yo era pequeño mi padre me llevaba a lo que entonces se llamaba Los Pinares de Chamartin, en otras ocasiones íbamos a la Casa de Campo de Madrid, todo aquello fue acentuando cada día mas mi afición a la naturaleza, pero el hecho de poder salir de excursión con tres o cuatro amigos juntos y solos era toda una aventura.


Recuerdo que una excursión al río Jarama a la altura de Aljete nos llenaba de emoción, en aquella época el país se encontraba en fase de recuperación, a consecuencia de la guerra sufrida años antes, por lo cual existían pocos medios de transporte, para que nos llevara al Jarama teníamos que coger un vetusto autocar en la calle Alenza, este autocar tenia dos precios, los que viajaban dentro del autocar pagaban un precio, y en la baca de este autocar habían puesto unas filas de bancos, para que los viajeros que fueran al aire libre durante todo el viaje pagaran la mitad, nuestros padres no sabían esta forma de transporte que nosotros utilizábamos, pues nunca nos lo hubieran autorizado por el riesgo que suponía, pero para nosotros era muy emocionante viajar de esa manera, pero además nos obligaba el hecho de que no teniamos suficiente dinero para hacerlo de otra manera.

Si contara toda mi experiencia en conocer y disfrutar de la naturaleza, nos desviaríamos del motivo de este escrito, El Camino de Santiago.

Siempre me ha gustado mucho la época conocida como Edad Media, por lo cual he leído varios libros sobre este tema y entre ellos las Leyendas del Camino de Santiago, lo que despertó en mi el deseo de ser peregrino y vivir por mi mismo las experiencias que otros contaban.

Desde que empecé a trabajar nunca ha tenido tiempo para realizar mi ilusión, por que cuando llegaban las vacaciones de verano, debía cumplir con mi esposa y con mis hijos, no me parecía correcto abandonarles y marcharme a satisfacer mi capricho, pues considero que eso seria egoísmo por mi parte.

Pero en el correr de la vida por fin ya tenia tiempo, me había jubilado, podría hacer El Camino de Santiago cuando quisiera, pero me surgió otro problema, ya tengo 62 años y esto me hace pensar, después de toda una vida trabajando ¿ Estaré capacitado físicamente para realizarlo ?.

Cuando le comenté a mi esposa mi deseo de hacer El Camino de Santiago se extrañó, me preguntó si deseaba hacerlo por una promesa o por alguna otra causa, le aseguré que no, ni por una promesa ni por otro motivo raro, simplemente quería conocer que se sentía en el camino, cuando lo hacías como peregrino, y me gustaría saber si estaba físicamente en condiciones de hacerlo.

Me enteré de que en Madrid existe una asociación llamada Amigos del Camino de Santiago, me presenté en dicha asociación para que ellos me informaran de las peculiaridades del camino, asistí a una reunión donde un veterano explicó todos los inconvenientes de esta experiencia, las cualidades de los albergues, los problemas que surgen con mas frecuencia, y las ventajas de poseer Credencial de Peregrino pues con ella te permiten pernoctar en los albergues del camino.

Después de mucho cavilar encontré una solución, para que en Santiago entreguen la Compostela, exigen a los peregrinos que lo hacen a pie un mínimo de 100 Km., desde Sarria hay 112 Km hasta Santiago, con este recorrido me darían la Compostela, y me serviría como prueba para ver si estaba capacitado físicamente para ello, por lo cual decidí hacerlo, de Madrid en tren hasta Sarria y desde allí a Santiago de Compostela andando.

Me compré con toda ilusión el libro El Camino de Santiago a pie, y empecé a preparar todo el material que él me aconsejaba, una vez que tuve preparado el equipo que me indicaba el libro, fui a la asociación a exponer mis deseos y a que me entregaran la Credencial del Peregrino.

“Por fin” “Aleluya” ya estoy preparado y en condiciones de comenzar mi aventura.

El día 9 de Mayo de 2001, después de dar un fuerte abrazo y un beso a mi mujer y a mi hijo, salí de mi casa con una enorme ilusión, cargado con mi Macuto, con la Vieira colgada del cuello como emblema de peregrino, mi sombrero para protegerme del sol (esperaba que lo hiciera ), y mi Bordón en la mano, pues pensaba que un peregrino sin Bordón parece cualquier cosa menos un peregrino.

En el metropolitano que cogí para que me llevara a la estación del ferrocarril, yo miraba por el rabillo del ojo al resto de los pasajeros, pensando que me mirarían con envidia, pues estaba convencido que se notaba perfectamente que era un peregrino que marchaba para Santiago de Compostela, pero la verdad es que nadie se preocupaba de nadie, pues cada uno de ellos estaba pensando en sus propios problemas, sin preocuparse lo mas mínimo del pasajero contiguo, que en cada movimiento del metro le clavaba el codo en el costado.

Cuando llegué a la estación del ferrocarril me sobraba hora y media todavía, pues me había pasado lo que le pasa a todo aquel que ha puesto una gran ilusión en un viaje, sale con tiempo mas que de sobra por si ocurre cualquier cosa pueda coger perfectamente el ferrocarril, me tomé un café, compré una revista, y a esperar que diera la hora de montar en el tren.

Si alguien desea algo el tiempo se eterniza, pero el final siempre llega, se formo el tren con destino El Ferrol y por fin pude montar, localicé mi asiento, coloqué mi macuto en el portaequipajes, y a esperar que pasara la noche pues tenia como hora de salida a las 10 de la noche, y calculada la hora de llegada a Sarria a las 6 de la mañana.

Montaron en el tren tres jovencitas ( les calculé 20 o 22 años ) cargadas con sus mochilas y con muy mala leche, pues según las escuché en sus comentarios, habían sacado billete Tren Cama con el fin de realizar el viaje mas cómodas, y RENFE había retirado el vagón cama por que había muy pocos viajeros para el mismo, y no consideraba rentable unirle al convoy, por lo cual les ofrecían devolverles la diferencia de lo pagado, pero ellas no querían el dinero, deseaban viajar cómodas.

Con toda esta discusión entre pasajeros y revisor, el tiempo corría y nadie encontraba solución, yo llame a mi mujer por el móvil para contarle la aventura, y ella me dijo que me tranquilizara pues la gran ventaja mía era que no tenia ninguna prisa, y que mas tarde o mas temprano el tren arrancaría y me llevaría a mi destino.

Al final se llego a una solución, se unió el vagón cama al convoy, se trasladaron a él todos los pasajeros a los que les afectaba el problema, y por fin el tren arranco, con hora y media de retraso.

Todo lo ocurrido me demostró, que la aventura, que lo inesperado puede presentarse en cualquier momento, y en cualquier situación.

El viaje transcurrió bastante aburrido pues al ser de noche no te vale de nada mirar por la ventana, y como yo soy incapaz de dormir en el tren, pues me arme de paciencia, me leí toda la revista, y como en este convoy no había cafetería, lo tomé con la mayor tranquilidad del mundo.

Durante el viaje subieron algunos viajeros, bajaron otros, pero ninguno me llamo la atención, cuando llegamos a León una pareja que subió al tren si me llamo la atención, les calcule unos 45 años, su aspecto era de matrimonio, pero lo que mas me llamó la atención es que llevaban mochila y botas propias de caminantes.

Transcurrió el viaje tranquilamente y por fin llegamos a Sarria, bajé del tren, me cargue el macuto, cogí el bordón, y me dispuse a enfrentarme con toda valentía al Camino de Santiago.

Pero de pronto me di cuenta que también se habían bajado el matrimonio que me llamó la atención en León. y las jovencitas que habían viajado en el coche cama.

Me dirigí al matrimonio y les pregunté si el motivo de su llegada era por que querían hacer El Camino de Santiago, y me dijeron que si, lo habían hecho el año pasado, y les gustó tanto que querían repetir, les pregunté si no les importaría que les acompañara, pues su experiencia me ayudaría muchísimo, y aceptaron que lo hiciéramos de esa manera.º

Fuimos juntos a una cafetería y les invité a desayunar, no querían aceptar mi invitación, pues consideraban que en el camino cada cual se debe pagar sus gastos, yo les rogué que en esta ocasión me permitieran invitarles, y que a partir de esta ocasión cada cual se pagaría lo suyo, aceptaron y desayunamos juntos.

Ya con el estomago lleno se ve la vida con mas optimismo, y además la cafetería nos hizo un favor, nos puso el sello en la credencial, para justificar que habíamos pasado por Sarria, de esa manera nos había evitado subir al albergue a que nos lo pusieran, pues estaba un poco distante.

Con todo solucionado, llenos de moral y de entusiasmo, con el Bordón en la mano ( También conocido como Palo de Peregrino ) por parte mía, y ellos con Bastones de Montaña iniciamos el peregrinaje.

En plena marcha es de mas utilidad el Bordón que el Bastón de Montaña por que es mas resistente, pero cuando no es necesario utilizarle es mejor el Bastón de Montaña, pues como es extensible se recoge y se ata en el macuto y te despreocupas de él.

Nada más empezar a andar les dije que como íbamos a caminar juntos durante muchos kilómetros, cuanto antes empezáramos a conocernos seria mucho mejor para los tres.

Les dije que yo me llamaba Paco y que venia de Madrid, ellos me dijeron que se llamaban Charo y Miguel Ángel, vivían en Pedraza un pueblo de la sierra de Madrid, a mi me extraño pues les había visto montar en el tren en León y se lo dije.

Me contestaron que tenían un hijo estudiando en León y aprovecharon el viaje para visitarle, habían ido con su coche desde Pedraza a León, visitaron a su hijo, dejaron el coche en León para recogerle a la vuelta, y por ese motivo yo les había visto montar en el tren en León.

El camino esta perfectamente señalizado por medio de flechas amarillas, estas flechas están pintadas en cualquier sitio que sea necesario, piedras, muros, paredes de casas, árboles etc, por ese los peregrinos buscan las flechas amarillas como si fueran tesoros, pues con ellas sabrán el camino que deben seguir.

Nosotros cuando salimos de la cafetería fuimos siguiendo las indicaciones hasta que salimos de Sarria, y cogimos el camino con mucho entusiasmo, en un principio era un camino rural entre huertas, al rato pasamos por encima de la vía del ferrocarril y entramos en un bosque precioso de Hayas y Robles, se veía que todos los árboles eran centenarios.

Había algo raro, extraño, y no nos dábamos cuenta de que era, pero al final notamos lo que nos llamaba la atención, no veíamos desperdicios ni basura de ningún tipo, íbamos caminando por un lugar muy poco castigado por el ser humano, veíamos la naturaleza tal y como se desarrollaba por si misma.

Llegamos al pueblecito de Barbadelo, se le llama pueblecito por denominarle de alguna manera, pero es un conjunto de media docena de casas y entre las cuales esta un albergue de peregrinos con un pequeño bar, nosotros como todavía teníamos la tripa llena seguimos adelante.

Continuamos la marcha con la ilusión de llegar a Brea, en este pueblo solo existen cuatro casas, pero a la salida del pueblo está un mojón marcando el kilómetro 100, este mojón tiene mucha importancia para los peregrinos que vienen de muy lejos, por que a partir de aquí la distancia que les queda para llegar a Santiago, estará representada solamente por dos dígitos, no con tres como había sido asta ahora.

Un poco antes de Mirallos al cruzar una carretera asfaltada nos encontramos con un autocar escolar, y que estaban bajando del mismo un grupo de jovencitos de unos 13 o 14 años, el profesor que les acompañaba nos explicó lo que pretendía, quería que sus alumnos fueran andando por el Camino de Santiago hasta Portomarin, que distaba unos 14 Km, pero el profesor se montó en el autocar y se fue a esperarlos a la meta fijada ( Que listo, así cualquiera ), los alumnos con la energía propia de la juventud salieron disparados por el camino, y pronto se perdieron de vista.

Llegamos a una fuente con un agua fresquísima y de un sabor muy agradable, aprovechamos para sacar de la mochila algo de chocolate y almendras con el fin de recuperar un poco las energías, y seguimos adelante más animados.

Miguel Ángel llevaba un plano del camino donde explicaba todo lo que nos íbamos a encontrar, también yo tenia el mismo plano pues venia en el libro que había comprado, El Camino de Santiago a pie, pero como ellos ya habían hecho el camino el año pasado, le deje a él que llevara la iniciativa.

Nos encontramos una desviación en el camino y yo me puse a buscar la indicativa flecha amarilla, cuando la encontré y dije por donde debíamos continuar, Miguel Ángel dijo que el plano indicaba otra dirección, después de mucho mirar por fin dimos con el problema, los jovencitos habían trasladado la piedra donde estaba pintada la flecha amarilla al otro camino erróneo, todavía se veía en la tierra la señal que había dejado la piedra al quitarla de su sitio, la trasladamos de nuevo a donde debía estar y continuamos la marcha.

Alcanzamos Vilacha un pueblo algo mas grande que los anteriores pero sin ningún servicio, ni tienda, ni bar, ni ningún comercio solo casas, Miguel Ángel y Charo me avisaron de que ahora venia una bajada muy pronunciada hasta llegar a Portomarin, yo pensaba que bajar una cuesta es mejor que subirla, pero ahora en algunos casos lo dudo, es cansadísimo sujetar el cuerpo para que no ruede, y además si no llevas un calzado adecuado, los dedos de los pies se destrozan al empujar sobre la punta de las botas.

Nada mas empezar a bajar la cuesta, en un pequeño prado que había junto a la carretera estaban todos los jovencitos descansando, les llamamos la atención por lo que habían hecho con la señalización, y tratamos de hacerles comprender el daño que podían hacer al que no se diera cuenta, pues andaría muchos kilómetros inútilmente, todos se avergonzaron, pero uno empezó a guasearse, se dio la vuelta, se bajó el pantalón del chándal y nos enseño el trasero, por mi gusto le hubiera dado un par de hostias pero nuestra educación no nos lo permitió, le dije al chiquillo que comportándose así en la vida, poco iba a sacar de ella, dimos media vuelta y continuamos hacia Portomarin.

Cuando pasamos una curva del camino vimos un poco mas adelante, una mujer tumbada en el suelo, y junto a ella un hombre que parecía estar prestándole ayuda, corrimos junto a ellos y vimos que la mujer se había caído y tenia una herida en la rodilla, eran un matrimonio canadiense que también hacían el peregrinaje, como Miguel Ángel parloteaba un poco el francés, nos dijeron que no tenían botiquín para curarla, por lo cual yo saqué el mío de la mochila y comencé a limpiarla y desinfectarle la herida, después le vendé la rodilla y la dejé en condiciones de continuar la marcha, nos despedimos con la expresión típica de “ Buen camino “ y continuamos la marcha.

Por fin desde lo alto de una loma se veía Portomarin, la visión era preciosa pues se veia un pantano rodeado por pequeñas montañas, un puente que atravesaba una parte del pantano, y al otro lado del puente, en lo alto de una colina Portomarin.

Entramos en Portomarin, y como Charo y Miguel Ángel ya lo conocían del año pasado, yo los seguía como un perrillo sigue a su amo, llegamos al albergue, sellamos nuestras credenciales, y cogimos literas para dormir.

Cuando un peregrino llega a un albergue, saca su saco de dormir y le extiende en la litera que mas le guste de todas las que están libres, de esta forma cuando ya tengas reservada una litera, te puedes marchar a donde quieras pues esa litera siempre te la respetaran.

Una ves reservadas las literas fuimos a ducharnos para quitarnos el polvo y sudor del camino, las duchas estaban estupendas, limpias y con agua caliente, ya pareciendo personas nos fuimos a un supermercado a comprar comida.

Regresamos al albergue y pasamos a la zona preparada para reponer fuerzas, teníamos una cocina con algunos cacharros, para el que quiera pueda prepararse algo caliente, una mesa grande con sillas, y un cubo grande de basura para recoger los desperdicios.

La normativa que se sigue en beneficio de todos, es que todo lo que utilices lo dejes como te lo has encontrado, cuando te duches limpia la ducha, tendrás un cubo y una fregona a tu disposición para hacerlo, si usas la cocina o algún cacharro, cuando termines hay que fregarlos en la pila que para tal necesidad existe.

En todos los albergues en los que yo dormí, en ninguno te cobraban nada, existe una caja en la que cada peregrino deja la cantidad que el quiere, con lo que se recoge se pagan los gastos de los servicios que tenemos a nuestra disposición los peregrinos, agua caliente para las duchas, gas para la cocina y la calefacción etc.

Después de comer recogimos lo que habíamos utilizado y fuimos a nuestras literas para guardar en los macutos ,lo que nos había quedado de comida, yo propuse a Charo y Miguel Ángel marcharnos a dar un paseo por el pueblo, y me dijeron que no, preferían acostarse pues estaban muy cansados, les dije que si dormían ahora tendrían dificultad para dormir por la noche, no hicieron caso de mi consejo y se acostaron, por lo cual yo me marche a pasear por el pueblo.

Cuando me marchaba vi venir a las tres jovencitas de Madrid y les pregunté que tal se encontraban, me contestaron que destrozadas, que se acostarían tempranísimo para mañana poder salir al amanecer y tomar la marcha con mas calma, entraron en el albergue, y yo me marche de turismo.

Vi la iglesia, algunos escaparates, me tomé un café, y al dar la vuelta a una esquina encontré un pequeño parque con una gran arboleda y una fuente, columpios, tobogán y juegos para niños, como había quedado con Pili mi mujer, que me llamaría a las seis de la tarde para que le contara como se había dado mi primer día de camino, me senté en un banco del parque con toda la tranquilidad del mundo a esperar, el paisaje es precioso, se ve perfectamente el pantano y las montañas alrededor, la temperatura me parece ideal, y cuando estaba tan ensimismado pensando lo a gusto que me encontraba sonó el móvil.

Cuando Pili me pregunto que tal se había dado el día, le contesté que un poco cansado, pero muy contento de haber empezado el camino y satisfecho de todo lo que había ocurrido en el día, le conté mi contacto con Charo y Miguel Ángel, y lo bien que se nos había dado la marcha, le dije también que aunque habíamos quedado en que me llamaría por el móvil todos los días a las seis de la tarde, yo tendría encendido mi teléfono todo el día, pues le podía cargar perfectamente todos los días en los albergues, por lo cual además de lo acordado podía llamarme cuando quisiera, me despedí con un beso asegurándola que la quería y me acordaba mucho de ella, y cortamos la comunicación.

Cuando regrese al albergue me encontré con que Charo y Miguel Ángel estaban en la puerta, sentados en un banco de piedra y hablando con cinco ciclistas, los ciclistas esperaban que terminara la tarde y ver si quedaban literas libres para pasar la noche, los albergues dan preferencia a los peregrinos que hacen el camino a pie, si al final de la tarde queda alguna litera libre, se permite que las utilicen los ciclistas, Miguel Ángel les aconsejo que fueran al siguiente albergue que estaba en Gonzar a unos 8 Km., pues casi todos los peregrinos prefieren quedarse en Portomarin, por ser un pueblo mucho mas grande y tener mas servicios, y Gonzar es muy pequeño y solo tiene un diminuto bar junto al albergue, por ese motivo muy pocos peregrinos se quedan en ese albergue a dormir, los ciclistas agradecieron a Miguel Ángel su información, pero como estaban muy cansados preferían esperar y ver si quedaban literas libres aquí en el que estábamos nosotros.

Entre las anécdotas que se contaron, Miguel Ángel refiriéndose a nuestro encuentro de la mañana, cuando les pedí que me permitieran acompañarles puesto que ellos ya conocían el camino, alegó que habían aceptado por educación, pero que no les gustó la propuesta, pues consideraron que ha consecuencia de mi diferencia de edad con ellos, no iba a poder andar a su paso y que tendrían que esperarme, pero que se habían llevado una sorpresa pues en el camino les había dado una paliza, reconocían que yo andaba mucho mas que ellos, escuchando el comentario de Miguel Ángel me sentía todo orgulloso, inflado como un pavo,

Se unieron al grupo una pareja para participar en la charla, ella dijo ser asturiana y llamarse Aizescu, él gallego y se llamaba Ignacio, nos contaron que habían empezado el camino en Ponferrada y lo que llevaban hasta ahora del camino les gustaba muchísimo, dijeron que vivían en Valladolid y se habían casado hacia tan solo siete días, Aizescu comento que Ignacio la había insistido en hacer el camino hasta Santiago como viaje de novios.

El cachondeo que se formó en el grupo fue de película cómica, uno dijo que estaba seguro que Aizescu tenia una gran finca en Asturias, y que Ignacio quería cargársela en el camino para heredarla, otro comentó el inconveniente de que en los albergues solo podrían usar la “polvera” en la ducha, y además muy silenciosamente para que en la ducha contigua no se enteraran, en fin las bromas fueron de todo tipo, pero un hubo ningún problema, pues tanto Aizescu como Ignacio eran muy majos y con un gran sentido del humor, Aizescu dijo que no nos preocupáramos pues como esperaba que estarían juntos muchos años, ya se lo cobraría.

Permitieron a los ciclistas que pasaran al albergue aunque solo quedaban cuatro literas libres, dijeron que dormirían dos juntos en una litera pues los ciclistas eran cinco, pero que no pensáramos mal y que salían del armario, pues los dos que dormirían juntos eran hermanos.

Después de cenar, los peregrinos se fueron acostando pues todos teníamos la misma idea, salir temprano al día siguiente, pues al amanecer es cuando mejor se anda, pues al salir el sol se empieza a sudar y cuesta mucho mas.

Nos levantamos a las seis de la mañana, nos aseamos y desayunamos, después de recoger todo nuestro equipo iniciamos la marcha, ya habían salido la mitad de todos los demás.

Al salir de Portomarin hay un rió que vierte sus aguas en el pantano, una carretera que atraviesa el río por un puente, un poco antes de este puente había otro colgante a base de cables de acero y de maderas, vi a lo lejos por la carretera algunos andarines con sus macutos, le pregunte a Miguel Ángel si nosotros teníamos que seguir el mismo camino, me contestó que el camino es por el puente colgante, pero que algunos peregrinos no pasaban por el pues les daba miedo, y otros por que después de cruzar el puente el camino entraba en un bosque de Hayas, y había que subir una cuesta muy dura pues era larga y empinada.

Nosotros con mucho humor dijimos que los que marchaban por la carretera eran unos “Pringaos”, y que nosotros como buenos peregrinos lo haríamos por el autentico Camino de Santiago, por el que han caminado muchos miles de peregrinos antes que nosotros, el cruzar por el puente colgante fue una autentica aventura, pues era largo y se balanceaba de una manera tremenda, yo creo que los tres tuvimos miedo, pero por vergüenza entre nosotros pasamos haciéndonos los valientes, y cuando llegamos a la orilla y a la fatídica cuesta, nos sentimos contentos de estar en ella.

Atacamos la cuesta, y les dije a Charo y a Miguel Ángel que yo iba a subir fuerte la cuesta, pero que no pensaran que lo hacia por darles una lección, lo hacia por que atacando duro las cuestas yo me cansaba menos, y prefería hacerlo de esa manera, llegue a la cima jadeando pero contento por que lo había logrado, me senté recostando la espalda en un árbol y esperé a que ellos llegaran, desde la cima del monte se veía un valle precioso, cuando llegaron descansamos y nos recuperábamos físicamente.

Iniciamos la bajada hacia el valle viendo y comentando el paisaje, bajábamos estupendamente pues la cuesta era suave y se bajaba con mucha tranquilidad, en una recta del camino vimos a lo lejos una peregrina que andaba de forma un poco rara, apretamos un poco el paso para llegar junto a ella lo antes posible, y cuando la alcanzamos vi que era una de las jovencitas de Madrid, dijo llamarse Lucy y le preguntamos que la ocurría, nos comentó que tenia ampollas en los pies y que sentía muchas molestias al andar, le indicamos que para llegar al próximo pueblo Gonzar solo faltaba aproximadamente un kilómetro, que la acompañaríamos hasta el albergue y le curaríamos las ampollas, para que pudiera continuar el camino.

Yo me cargué el macuto de Lucy por delante, y Miguel Ángel la servia de apoyo para que andara mejor, y Charo de pronto comenzó a reírse, le pregunté que donde estaba la gracia y me contesto, que yo parecía una camella a punto de parto, pues tenia el mismo bulto por delante que por la tripa, con alegría llegamos al pequeñísimo pueblo de Gonzar y nos metimos en el bar que existe junto al albergue.

Dentro del bar había tres personas, un matrimonio de unos cincuenta años, y un hombre solo aproximadamente de mi edad, estaban desayunando café con leche y bollos.

El matrimonio dijeron llamarse Margarita y Fernando, eran de Valencia, tenían una tienda de ropa que en estos momentos la atendían sus hijos, por ese motivo podían darse el gusto de hacer el Camino de Santiago con calma y sin prisas, y el que viajaba solo era italiano y dijo llamarse Luigi, parloteaba bastante bien el español por lo cual se le entendía perfectamente, se había jubilado y quería aprobar su asignatura pendiente, El Camino de Santiago.

Le dije a Lucy que se descalzara para poder curarla, preparé el botiquín y cuando se descalzó vi que tenia varias ampollas en los dos pies, le atravesé las ampollas con aguja e hilo para que drenaran el suero, le desinfecté los pies, y le dije que no se calzara hasta que no se secara el desinfectante por si solo.

Miré las botas y los calcetines que llevaba Lucy, y ví que las botas tenían más de vestir que de deporte, y los calcetines eran muy finos y no podían darle ninguna protección, le dije que con ese equipo no podía hacer el camino pues no era el indicado, Fernando al escucharme se acercó y le enseño a Lucy las botas de su mujer para que viera como debían ser, y sobre los calcetines le dijo lo mismo que yo, que había calcetines especiales para evitar la formación de ampollas, pues el camino son muchos kilómetros, y si no se va con buen equipo se pasa muy mal, Margarita y Fernando tenían un equipo estupendo, de buenísima calidad.

Tanto Margarita como Fernando y Luigi, como habían terminado sus consumiciones se marcharon, y se despidieron con el saludo típico “Buen camino”, y nosotros nos tomamos un café y el correspondiente bollo, le dije a Lucy que se pusiera en contacto con sus amigas, y les dijera que tardaría un poco más de lo normal en llegar a Palas del Rey, que es donde todos pensábamos dormir, nos dijo que no tenia móvil y sus amigas tampoco, por lo cual no podía comunicarse con ellas, le aconsejé que hiciera autostop y regresara a Portomarin, por allí pasan dos autobuses, uno que lleva a Lugo y otro a Sarria, que cogiera el primero que pasara y en Lugo o en Sarria el tren, y regresara a su casa pues no estaba en condiciones de seguir haciendo el camino.

Pasamos al albergue a sellar nuestras credenciales, y después de despedirnos de Lucy continuamos la marcha.
Cuando llevábamos una hora de marcha encontramos a Margarita y Fernando sentados en una piedra, estaban ensimismados escuchando un concierto que estaban dando una cantidad enorme de ranas, había una charca grandísima con cientos de ranas, y como el tiempo era buenísimo con sol y muy buena temperatura, todas estaban cantando a coro, en mi vida he escuchado tantas ranas juntas, nos despedimos y continuamos camino adelante.

Las flechas amarillas nos siguen indicando el camino, pero hay otra señal que nos indica que vamos por buen camino, y son los cruceiros, aunque hay
muchos cruceiros por toda Galicia, los que existen en el camino suelen estar señalados en el plano de las etapas.

Llegamos a una colina totalmente cubierta por un pinar enorme, como la subida de la colina era un poco empinada, empecé a subir un poco fuerte y me fui separando de Charo y Miguel Ángel, cuando llegué a la cima vi a cuatro Ardillas que estaban jugando en el camino, tratando de cogersé una a otra, me quedé quieto observándolas pero al ratito debieron sentirme por el olor y se subieron rápidamente a un pino que había junto al camino, me acerque despacito y en silencio hasta que pude verlas entre las ramas del pino, como estaban en su propio territorio se sentían seguras y seguían jugando, me quede quieto esperando a que llegaran Charo y Miguel Ángel, cuando aparecieron por la cima les indiqué por señas que avanzaran despacio y en silencio, cuando llegaron junto a mi les señale donde estaban las ardillas, y estuvimos un rato viendo como corrían y saltaban entre las ramas del pino, cuando iniciamos de nuevo la marcha comentamos lo bonita que es la naturaleza cuando no hay ningún ser humano matando o destruyendo.

A las dos horas nos encontramos con Luigi, estaba en una fuente sentado en una mesa de piedra, comiéndose un bocadillo y fruta, Miguel Ángel le dijo en broma que en España a eso lo llamábamos “Tripear”, Luigi nos comentó que como padecía Diabetes no tenía mas remedio que hacerlo, comen poco pero con mucha frecuencia, así lo venia haciendo desde Roncesvalles y de esa forma podía realizar el camino, le dijimos “Buen camino” y continuamos camino adelante.

Llegamos a Palas del Rey a la dos y media, reservamos literas, nos duchamos, y decidimos marcharnos a comer a un restaurante, pero cuando salíamos del albergue aparecieron Aizescu y Ignacio, nos pidieron que les esperáramos pues querían comer con nosotros, mientras les esperábamos vimos salir del albergue a las compañeras de Lucy, las llamamos y les contamos todo lo que había ocurrido con su amiga, les afeamos su comportamiento, pues nosotros consideramos que cuando unos amigos deciden ir juntos a algún sitio, deben ayudarse unos a otros, les comenté que cuando las vi en el tren en Madrid, daba la sensación de que eran muy buenas amigas, por lo cual como mínimo, si Lucy no estaba en condiciones de continuar haciendo el camino, debían haberla acompañado hasta que montara en un medio de transporte de vuelta a su casa, mientras hablábamos con ellas aparecieron Aizescu y Ignacio y nos fuimos todos a la búsqueda de un restaurante.

Encontramos un Bar-Restaurante en la calle principal, tenia buen aspecto y como nos sonaban las tripas decidimos entrar, pedimos el plato del día y el camarero nos preguntó si éramos peregrinos, al contestarle que si nos dijo que el plato del día valía 1100 Pts., pero que a los peregrinos les cobraba solamente 1000, nos guaseamos un poco diciéndole que Santiago les agradecería el detalle y pedimos la comida.

De primer plato todos pedimos Caldo Gallego ( que estaba estupendo ), y de segundo Charo y yo pedimos Conejo Asado ( yo no había comido nunca el conejo asado y estaba extraordinario ) los otros tres prefirieron carne, y de postre dos comimos Tarta de Santiago y tres fruta, tal vez influenciados por nuestra guasa en el precio, al tomar el café nos invitaron.

Regresamos al albergue con idea de echarnos una pequeña siesta pues estábamos cansados, Ignacio dijo que quería ir a alguna tienda de comestibles, para que Aizescu comprara algo reconstituyente para tomarlo cuando fuéramos de marcha, y Charo les aconsejó que tomaran como nosotros las tabletas de Musli, nos separamos y nos fuimos al albergue.

Estuvimos sesteando una hora, después fuimos a buscar a Aizescu e Ignacio y nos fuimos de turismo por el pueblo, vimos la iglesia y estuvimos hablando con el cura, paseamos charlando sobre muchos temas, y vimos que el cielo se estaba poniendo muy oscuro, decidimos regresar al albergue pues habíamos salido sin ninguna protección para el agua, cuando faltaba todavía un poco para llegar empezó a llover, y tuvimos que salir corriendo para no quedar empapados, nos metimos en el bar que estaba junto al albergue, pedimos una baraja y nos pusimos a jugar una partida.

Cuando estábamos en la partida me llamo Pili por el móvil para preguntarme como había transcurrido el día, le conté las aventuras y situaciones que nos habían pasado, le dije como había cambiado el tiempo, pero le dejé muy claro que tenía la moral muy alta y estaba contento y satisfecho de todo lo ocurrido en el camino, le mandé dos besos, le dije que la seguía queriendo y nos despedimos hasta mañana.

Cuando nos cansamos de jugar a las cartas regresamos al albergue y estuvimos un rato charlando, Ignacio comento que tenia los muslos en la parte interior muy irritados por el frote de uno contra otro, yo le dije que a mi también me pasaba lo mismo, y evitaba este problema dándome crema y poniéndome un Bóxer largo, que me llegaba casi a las rodillas, me baje los pantalones para que lo viera y empezó el cachondeo contra mi por exhibicionista, le di crema para que se la aplicara y quedo zanjado el asunto, preparamos la cena con toda la comida que teníamos en los macutos, y después de llenar la tripa nos fuimos a dormir.

Aizescu e Ignacio cuando llegaron al albergue no encontraron literas en nuestra sala, por lo cual las cogieron en otra, como querían que hiciéramos el resto del camino juntos quedamos a las seis de la mañana en el comedor, para desayunar y comenzar la marcha juntos, pero a las doce de la noche aparecieron en nuestra sala con los colchones de sus literas, y dijeron que en su sala había uno que roncaba de forma tremenda y no les dejaba dormir, pusieron los colchones en el suelo y se dispusieron a pasar la noche.

Me desperté a las cinco y media de la mañana y vi que estaba lloviendo a mares, por lo cual cuando prepare el macuto dejé fuera el impermeable y la funda de plástico para el macuto, se levantaron Charo y Miguel Ángel y después de asearnos pasamos al comedor, Aizescu y Ignacio ya nos estaban esperando, desayunamos todos juntos y pensamos que debíamos hacer a consecuencia del tiempo.

Aizescu y Ignacio tenían capa de agua pero no tenían botas adecuadas, por lo cual pensamos que podríamos hacer para que fueran lo mejor posible, la única solución que encontramos fue que como ellos iban calzados con playeras, se envolvieran las playeras con plásticos, se lo ataran lo mejor posible y adelante, sacamos todas las bolsas de plástico que llevábamos en los macutos, les protegimos los pies lo mejor posible y salimos al camino.

Estuvo lloviendo hasta las 11 de la mañana cuando paró, ya tenían destrozados todos los plásticos y los pies empapados, pero como teníamos la moral muy alta, seguían gastando bromas con un gran humor.

Llegamos al pueblecito de Furelos, antes de entrar en el pueblo hay que cruzar un río por un puente de piedra, el rió es de montaña y el puente romano, Miguel Ángel nos hizo una foto todos juntos en el alto del puente, por que el conjunto era precioso.

Nada más cruzar el puente hay una iglesia también románica y bonita, entramos en la iglesia y dentro había una señorita que explicaba la leyenda de un Cristo crucificado, que tenia el brazo derecho separado de la cruz y señalando al suelo, nos dijo que es el único Cristo en el mundo que se encuentra en estas condiciones.

La leyenda dice que en el año 1512 estaban varias aldeanas en la iglesia rezando delante del Cristo, de pronto el cristo separo el brazo derecho de la cruz y señalando a una de las aldeanas le dijo:

Tu has sido la única que me ha hecho una petición con amor hacia otra persona, me has pedido que cure a tu hijo de la enfermedad que padece, y has ofrecido tu vida a cambio de la suya, respetare tu vida y sanaré a tu hijo, el Cristo calló y su brazo quedó señalando al mismo sitio para siempre.

Sellamos nuestras credenciales para que quedara constancia de nuestro paso por dicho lugar, dejamos una pequeña limosna en la iglesia, y continuamos nuestra marcha hacia Melide.
Miguel Ángel nos comentó que Melide es un pueblo importante, y que en la calle principal existe una pulpería en la que preparan un pulpo buenísimo, con esta información estábamos locos por llegar a Melide y atacar al pulpo, y como es lógico acompañado de vino de Riveiro, además los clientes que eran peregrinos les invitaban a ronda del mismo vino.

Tardamos media hora en llegar a la pulpería, nos comimos una ración de pulpo cada uno, acompañado del estupendo pan típico gallego, y un Riveiro fresquito que sabia a gloria, tuvimos que dar la razón a Miguel Ángel, estaba todo estupendo.

Dialogamos entre nosotros la posibilidad de quedarnos a dormir en el albergue de Melide, pero como solo eran las doce de la mañana pensamos que era muy temprano para dejar de andar, los de la pulpería que nos escucharon nos dijeron que en Arzua, un pueblo que estaba a 14 Km., habían hecho un albergue estupendo para los peregrinos, con esta información decidimos seguir adelante hasta ese pueblo.

Nada mas salir de Melide comenzó a llover de nuevo, rápidamente nos preparamos para hacer frente a la lluvia, con las capas de agua, mi impermeable, y las fundas para los macutos, pero todos pensábamos lo mismo, por mucho que nos preparamos nos íbamos a empapar, no sabíamos por donde nos entraba el agua, pero entraba.
Llevábamos andando hora y media cuando nos encontramos a otra de las jovencitas de Madrid andando sola, le preguntamos por su compañera y nos dijo que estaba por delante, como la otra andaba mas deprisa se habían separado, nosotros le dijimos que seguíamos sin comprenderlas, entre nosotros también unos andaban mas que otros, pero si era necesario esperar a alguno lo hacíamos, pero procurábamos ir siempre juntos, nos despedimos y seguimos adelante, tres cuartos de hora mas tarde nos encontramos con su compañera, nos pregunto cuanto hacia que habíamos visto a su compañera, se lo dijimos y continuamos la marcha hasta que llegamos a Arzua.

Localizamos el albergue y vimos que tenian razón en la pulpería de Melide, era un albergue grande y bonito, reservamos las literas, nos duchamos y nos fuimos a comer a un restaurante que habíamos visto antes de llegar al albergue, todos comimos lo mismo el plato del día, una ensalada mixta, costillas asadas, y de postre flan, la diferencia fue el café, aquí no nos invitaron como en Palas del Rey, tuvimos que pagarle.

Cuando salimos del restaurante a comprar pan, fiambre, leche y fruta cenar, después de efectuar las compras regresamos al albergue. Cuando llegamos al albergue nos encontramos que la litera contigua a la mía, la habían reservado los canadienses a la que curamos la rodilla, ella junto a mi y su marido en la de encima, cuando nos vio se acerco a nosotros muy sonriente a enseñarnos la rodilla, para que viéramos que se estaba curando la herida perfectamente, al retirarse se nosotros la canadiense, empezó el guasón de Ignacio a tomarme el pelo diciendo:

Paco prepárate, esta noche como muestra de agradecimiento se tumbara encima de ti, te demostrara cariño y agradecimiento, y mañana tendremos que dejarte aquí pues no estarás en condiciones para seguir la marcha, los demás le siguieron en la guasa hasta que se cansaron y nos tumbamos a descansar.

A las siete nos fuimos a una cafetería que estaba junto a la plaza, pues Miguel Ángel e Ignacio quería ver un partido que televisaban, y aunque a mi no me gusta el fútbol, prefería estar con ellos a estar solo, y además había comenzado a llover, nos tomamos unas cervezas, chillaron todo lo que quisieron, y cuando termino el partido regresamos al albergue.

Bajamos al comedor para cenar y después de tripear un poco, y de guasearnos otro poco, nos fuimos a la cama, quedamos en estar listos para salir muy temprano, y como yo había visto en la cafetería un aviso de que habrían a las seis de la mañana, acordamos desayunar en la misma cafetería y seguir adelante.

Me levanté a las cinco y media y me preparé adecuadamente pues estaba cayendo agua a mares, les dije al grupo que les esperaba en la cafetería y me marché a desayunar.

En la cafetería tenían varios bollos y entre ellos una caracola enorme, del tipo de masa como las ensaimadas de Mallorca, como es lógico empecé a comérmela, y cuando llegaron los demás no pudieron imitarme, pues había otros bollos pero como el mío no quedaban más, y tuvieron que desayunar otra cosa.
Cuando terminé me di cuenta de que me había dejado en el albergue la funda impermeable del macuto, por lo cual volví al albergue y me encontré con que la funda la había guardado en su macuto la canadiense, para entregármela si nos veíamos otra vez en alguna parte del camino, me la entregó, le di las gracias, y regresé a la cafetería a reunirme con el grupo.

Eran las seis y media de la mañana, y salimos al camino con resignación por el tiempo que hacia, y nos dispusimos a tragar toda el agua que fuera necesario, pero decididos a que pasara lo que pasara llegaríamos a Santiago.

A las 10 de la mañana me llamo Pili por el móvil y nos pilló por el monte, me metí bajo una encina y protegiendo el teléfono con mi cuerpo para que no se mojara, le dije rápidamente la situación en que nos encontrábamos, y seguimos adelante.

Llegamos a Pedrouzo y fuimos al albergue para sellar laas credenciales, y por que Charo y Aizescu quería pasar al servicio, cuando salieron comentamos qué, si nos quedábamos a dormir en Pedrouzo la ropa no se secaría pues no había dejado de llover torrencialmente ni un momento, y tanto la ropa como notros estábamos empapados, al día siguiente al despertarnos tendríamos que ponernos ropa mojada, por lo cual decidimos seguir hasta Santiago tardáramos lo que tardáramos.

Como no teníamos tiempo ni estábamos en condiciones de pasar a un restaurante, les dije que yo tenia en mi macuto unas tabletas reconstituyentes, que cada tableta equivalía a una comida, por lo cual con una tableta cada uno podríamos aguantar hasta Santiago, y así lo hicimos.

La marcha entre Pedrouzo y Santiago fue horrible, no paraba de llover en ningún momento y todo eran cuestas, hacia arriba con cansancio, y hacia abajo escurriéndote en el barro y con riesgo de caer al suelo, al acercarnos a Santiago pasamos junto a la alambrada del aeropuerto, en una zona donde están los focos del final de la pista de aterrizaje, en ese momento pasó por encima de nosotros un avión que se disponía a aterrizar, e Ignacio con su buen humor grito “ Mira Paco se le ven las bragas a la azafata “ pero yo no tenia ganas de guasa, pues seguía lloviendo con rabia y yo estaba deseando llegar a Santiago.
Pasamos junto a la emisora de Televisión Gallega y un poco después llegamos al Monte del Gozo, se llama así por que desde él se divisa Santiago, y los peregrinos antiguos por fin veían el final de su peregrinaje, al ver lo poco que les quedaba sentían un gran placer, un gran gozo, en el Monte del Gozo exista un refugio y cafetería, el refugio estaba cerrado por que lo estaban reparando, nos tomamos un café para animarnos un poco y continuamos hacia nuestra meta, al final entramos por las calles de Santiago camino de la catedral.
Llegamos a Santiago a las cuatro y media de la tarde, habíamos forzado la marcha pues seguía lloviendo sin parar, durante ocho horas habíamos andado 40 Km., pero el gozo la satisfacción de haberlo conseguido no se puede explicar hay que sentirlo, cuando la gente te mira por el aspecto que llevas empapado, lleno de barro por todas partes, a ti no te importa, te sientes orgulloso de estar así, por que es la demostración de lo que has hecho

Fuimos a presentar nuestras credenciales acreditativas para que nos dieran la Compostela, y después nos marchamos a la catedral, en la entrada existe una columna con la huella dejada por las manos de millones de peregrinos antes que nosotros, metimos nuestra mano en dicha huella, y le dimos las gracias a Santiago por habernos permitido venir a saludarle, le pedimos que nos facilitara regresar a Santiago en otra ocasión, y dando la vuelta a la columna pusimos nuestra frente sobre la cabeza representativa del maestro Mateo, para que nos transmitiera la inteligencia, que a el le había permitido construir la catedral, y pasamos a saludar a Santiago.

Cuando estaba abrazando a la imagen representativa de Santiago, le pedí que ayudara a mi hijo Fran en el trabajo, que tuviera un trabajo seguro, que estuviera contento y satisfecho con la obligación que tuviera que realizar, yo le prometí que el año próximo vendría a verle andando como esta vez, pero lo haría desde Roncesvalles, lo que se conoce como El Camino Francés.

Cuando salimos de la catedral le pedimos a una pareja que nos sacara una fotografía frente a la catedral, era curioso comparar a esta pareja muy elegantes y bien vestidos, con nosotros empapados, con las botas llenas de barro, y una cara de cansancio desastrosa.

Tanto Charo y Miguel Ángel, como Aizescu y Ignacio, estaban cansadísimos y dijeron que buscarían un hotel y pasarían la noche en Santiago, yo les dije que me marchaba a la estación del ferrocarril y regresaría a casa en el primer tren que saliera para Madrid, dijeron que en cuanto tuvieran hotel y se ducharan bajarían a la estación, y si todavía no me había marchado, tomaríamos un vino juntos y nos despediríamos.

Bajé a la estación y me informaron de que el próximo tren para Madrid era un TALGO que salía a las 10,30 de la noche, cuando estaba en la taquilla me llamo Pili por el móvil pues eran las seis de la tarde, y en todos los días del camino no había fallado ni uno solo, a las seis en punto siempre sonaba el móvil, le conté que ya estábamos en Santiago, teníamos la Compostela en nuestro poder y habíamos besado la imagen del santo, por lo cual estaba a punto de sacar billete para el TALGO, y regresaba a casa, le sorprendió todo lo que le contaba pues no pensaba que íbamos a terminar el camino tan pronto, me dijo que como se encontraba en Daganzo, tendría que recoger rápidamente para poder coger el ultimo autobús y regresar a Madrid, para estar en casa cuando yo llegara al día siguiente, cuando terminamos de hablar saqué el billete y me dispuse a esperar hasta que llegara el tren.

Mientras esperaba se me acercó un muchacho joven con macuto y me preguntó si yo era peregrino, al decirle que si me rogó que le cuidara su macuto pues tenia que llamar por teléfono, cuando regreso me dijo que era argentino, y que había hecho el Camino Francés completo desde Roncesvalles, había tardado 24 días y estaba contentísimo de la experiencia, ahora regresaba a Madrid para coger el avión hacia Buenos Aires.

En ese momento aparecieron mis cuatro cansados acompañantes, todos limpios y relucientes, me dijeron que ya tenían hotel y al ducharse se sentían mas animados, pero seguían cansadísimos pues había sido un día durísimo, cuarenta Km. Seguidos y bajo una lluvia durísima agotan a cualquiera, a pesar de todo eso estuvieron conmigo hasta que vino el tren y arranqué hacia Madrid, ese comportamiento nunca se borrará de mi mente aunque no volvamos a vernos en la vida.

En el tren el argentino estaba tres asientos delante de mi, nos juntamos y pasamos toda la noche charlando pues ninguno de los dos éramos capaces de dormir, intercambiamos experiencias y anécdotas del camino, me contó que vivía y trabajaba en Buenos Aires, en el aeropuerto en conservación y reparación de aviones, había aprovechado unas vacaciones pendientes para hacer el camino, yo le conté como había sido mi vida laboral de Visitador Medico, y cuando le dije que prácticamente estaba jubilado, el me aseguro que si alguna vez se jubilaba volvería a España a repetir el camino.

Llegamos a Madrid, bajamos del tren y nos despedimos con un fuerte abrazo, se marchó corriendo a coger un taxi que le llevara al aeropuerto, pues tenia el tiempo muy justo para coger el avión, yo me fui a coger el metro con muchas ganas de llegar a casa, pues estaba muy cansado.

Al llegar a casa di un fuerte abrazo a Pili, me preparó el desayuno, le conté a groso modo lo contento que estaba con mi experiencia del camino, y cuando me quité la ropa para acostarme, Pili me preguntó que me había ocurrido pues tenia un fuerte moretón en la espalda a la altura de los riñones, yo le aseguré que nada en absoluto, pero al mirarme el moretón me di cuenta que se habia formado por el roce del macuto durante todo el camino, terminé de desnudarme y me acosté a dormir y descansar.
Cuando me desperté, hice un repaso mental de todo lo acontecido durante el camino, y me sentí muy satisfecho con la experiencia lograda, el trato con los demás peregrinos ha sido estupendo, incluso con los que no he tenido relación, en algunos casos también me han llamado la atención, me crucé dos veces con un matrimonio en el que la mujer aparentaba unos 55 años y él unos 75, cuando llegaban a una cuesta la mujer cargaba con los dos macutos para que a su marido le fuera mas fácil de subir la cuesta, en el albergue me enteré de que eran norteamericanos, en la oficina donde te entregan la Compostela vi a un peregrino que había venido desde Nueva Zelanda hasta Roncesvalles y desde allí andando hasta Santiago, he visto muchas cosas dignas de recordar, al final de mis recuerdos sentí una inmensa alegría por lo que había conseguido, pero lo más importante es que no podía explicar lo que sentía, hay que hacer el Camino de Santiago para sentirlo y comprenderlo, una cosa me ha quedado muy clara “VOLVERE”.


Francisco Huguet Artes
Madrid Mayo del 2001